Domingo, 24 de septiembre de 2017
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¡Anaya es peor que AMLO!

Desde su primera candidatura presidencial y luego de que mandó al diablo a las instituciones, Andrés Manuel López Obrador fue visto como “un peligro para México”.

El mote lo ha seguido en el segundo y tercer intentos por convertirse en candidato presidencial, sobre todo porque nunca respeta resultados electorales y su primer equipo político y sus aliados son fanáticos del dictador Nicolás Maduro.

Claro, además de que su proyecto de gobierno es una “chabacana” recopilación de mentiras y buenas intenciones, al mejor estilo populista.

Por eso, muchos suponen —con buena dosis de razón— que una victoria de AMLO en 2018 sería lo más cercano a tramitar un pasaporte a la más perniciosa dictadura del nuevo siglo: la de Maduro, en Venezuela.

Sin embargo, el más reciente escándalo en torno al PAN y a su presidente confirmó que el verdadero “peligro para México” no solo está en la mal llamada izquierda lopista, sino que se ha corrido a la derecha locuaz, también populista y harto oportunista que encabeza el otrora “niño maravilla”.

Nos referimos —como saben— al jefe nacional del PAN y a su desbocada y ambición de ser candidato presidencial, que lo ha llevado a exhibir —de cuerpo completo— su genética desleal a la democracia, la traición a los principios y la doctrina del PAN y, sobre todo, su cultura de traición a los principios históricos de democracia.

Y es que les guste o no a los panistas —y si dudan que pregunten a los senadores “traidores”—, lo cierto es que Ricardo Anaya está marcado por la misma genética que convirtió a López Obrador en “un peligro para México”.

La diferencia es que AMLO construyó la narrativa del “peligro para México” a lo largo de 25 años y Anaya tan solo en cinco años. Pero en ese quinquenio, el queretano rebasó al tabasqueño al convertirse en uno de los mayores peligros para la democracia mexicana; la llamada deslealtad democrática.

¿Lo dudan? Contrario a los principios del PAN —que nació como el sembrador de democracia por excelencia—, Anaya actúa en dirección opuesta al diálogo como motor de la política y se ha convertido en el principal obstáculo de la política y la democracia, al imponer en Acción Nacional las mismas taras que López Obrador sembró en Morena.

¿Cuáles taras?

Que Ricardo Anaya llegó al PAN para imponer la cultura del jefe único, del dictador, del necesario y el narciso que gusta de la práctica antidemocrática y autoritaria.

¿Qué es, sino una vulgar copia de las prácticas nada democráticas de la Morena de AMLO —prácticas que por medio siglo combatió el PAN —, el uso faccioso del partido para imponer su candidatura presidencial? ¿Qué es, sino la peor copia del PRI de Roberto Madrazo, la dualidad perversa de asumir el cargo de jefe nacional del partido y, al mismo tiempo, candidato presidencial oficial del partido?

¿Qué es, sino traición a las mejores prácticas democráticas que cultivó el PAN en casi 80 años, el acto gandalla de Anaya de robar casi dos millones de spots del partido, para su candidatura presidencial? ¿Qué es, sino una grosera deslealtad democrática, que Ricardo Anaya se haya atrevido a paralizar al Congreso —mediante una montaña de mentiras— para ocultar sus pillerías y para desviar la atención de sus responsabilidades con la transparencia?

¿Qué es, sino una vulgar copia de la dictadura de Maduro, la paralización del Congreso mexicano y el chantaje del “pase automático” del titular de la PGR a fiscal general? A Maduro le estorbaba el Congreso y lo aplastó. A Anaya le servía paralizar al Congreso para desviar la atención y cobrar venganza, y paralizó el Congreso.

¿Qué es, sino un gesto dictatorial de Anaya promover la expulsión de quienes lo cuestionaron y que votaron a favor de restablecer la legalidad del Senado?

Anaya parece convertido en el peor peligro para la democracia mexicana, que el peligro que significó López Obrador para la estabilidad del país.

¿Por qué Anaya resulta un peligro mayor que AMLO?

Porque si no se han dado cuenta, Anaya no pregona mandar al diablo las instituciones, Anaya manda al diablo las instituciones.

Paralizar las Cámaras del Congreso a partir de una montaña de mentiras y condicionar la normalidad democrática a la garantía de cancelar el “pase automático” de la PGR a la Fiscalía General, no solo es vulgar chantaje.

No, es proponer diálogo con una pistola en la cabeza del adversario, con la amenaza de jalar el gatillo si el interlocutor no dice lo que el dueño de la pistola quiere.

La casa de los diputados es casa del pueblo y templo del debate democrático y de ideas. Y Ricardo Anaya cerró la puerta y amenazó con disparar al que sin su permiso pretenda entrar y dialogar.

Anaya es peor que AMLO.

Al tiempo.