Jueves, 17 de agosto de 2017
Foto Fuente: Letra Roja

Sexualidad femenina, la mujer no necesita ser violada para sentir placer

Por: Psic. Ma. Elena Salazar Peña.

El 28 de marzo en su programa radiofónico que era transmitido por Radio UNAM, el conductor y exlíder estudiantil del movimiento del 68, Marcelino Perelló, expresó los siguientes comentarios en relación a la violación y la sexualidad femenina:

“Tampoco eso de que te metan los dedos es para armar un desmadre estrepitoso (…). O sea, la violación implica necesariamente verga, si no hay verga, no hay violación”

“Hay mujeres que sólo han sentido un orgasmo cuando son violadas. Eso es algo registrado en la literatura especializada. Cuando no hay culpa, es decir, cuando te violan entonces tú no tienes ninguna responsabilidad. Te violaron, entonces gozas”.

En relación a la violación, Perelló rectifico en  entrevista con el periodista Ciro Gómez Leyva que después de revisar el Código Penal se dio cuenta que está estipulado como violación la introducción de cualquier objeto ya sea por vía vaginal o anal.

En relación a sus conceptos emitidos sobre la sexualidad femenina, no sólo no se retractó sino que los ratificó.

La gran pregunta que se deriva de las declaraciones de Perelló es ¿el ejercicio de la sexualidad plena de la mujer incluye la violación para poder llegar al clímax del goce?

La sexualidad en el ser humano existe desde el momento del nacimiento y pasa por diferentes etapas hasta llegar consolidar la identificación con uno de los géneros: masculino o femenino.

Igualmente el ejercicio de la sexualidad plena conlleva una diversidad de formas como la atracción por personas del mismo sexo —homosexuaidad—, o  la necesidad de tener un objeto femenino —fetichismo—, ver pornografía o utilizar juguetes eróticos para lograr la excitación sexual.

Un elemento indispensable y satisfactorio dentro de los juegos eróticos es la fantasía, en donde en el caso específico de la mujer puede ser imaginarse como una prostituta a la que le pagan por brindar placer a la pareja o pensar en ser “violada por su pareja”.

Pero no es lo mismo fantasear con ser violada por la pareja con un cuerpo, unas manos, un aroma, unas caricias que la mujer en turno desea y acepta para llegar al orgasmo, a necesitar de golpes, insultos y maltrato de alguien desconocido para sentir placer.

El necesitar de la violencia concreta para llegar al orgasmo o el pensar que la pareja la necesita para poder disfrutar se considera como una desviación sexual denominada como perversión.

Las perversiones se refieren a cualquier tipo de práctica sexual en donde se necesite de ser sometido y  someter al otro para lograr la satisfacción sexual sin que exista un consenso en la pareja (Meltzer y McDougall). 

La diversidad en la sexualidad puede resultar plena siempre y cuando no provoque sufrimiento, vergüenza y no exista sometimiento. Si la práctica sexual provoca sufrimiento, vergüenza y la necesidad de someter a uno de los integrantes de la pareja, entonces se trata de una patología que requiere atención especializada.