Martes, 24 de octubre de 2017
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Graco, sus fobias…

Otra vez, como ha venido ocurriendo de manera cíclica desde el inicio de su gestión, y aún antes, el perredista Graco Ramírez Garrido Abreu, su gobierno, arremetió contra el titular de la diócesis de Cuernavaca, Ramón Castro y Castro que, por su parte, no ceja de levantar la voz sobre excesos e insuficiencias, indolencia producto de la ideologización de su actuar en no pocos casos, tanto del mandatario como de sus colaboradores.

Esta vez, la confrontación tiene como telón de fondo la abierta intromisión que en asuntos de la Iglesia pretende tener un grupo de activistas —“mayordomos”, se autodenominan— que, con apoyo del gobierno estatal, aspira a administrar las actividades —¡y ganancias, claro!— de la llamada feria de Tepalcingo que, como cada año, se realiza en esa localidad, en su Santuario para ser más específicos que aquellos mantienen bajo una suerte de asedio que impide a los sacerdotes cumplir con sus tareas de manera cotidiana, conforme a las disposiciones del obispo.

A tal grado llegó ahora la presión contra el prelado, que fue el propio secretario de gobierno Matías Quiroz quien, luego de acusar a Castro de haber roto acuerdos existentes entre las partes “y por intereses económicos…”, le hizo responsable “de los actos violentos que se puedan desarrollar (en el marco del festejo), afectando a los lugareños…” y llamó a las autoridades federales a intervenir en un asunto que, a la vista, rebasó ya la capacidad de Graco y los suyos…

Ahora que, valga recordar, los desencuentros entre el gobernador y el obispo no son cuestión nueva.

Baste recordar lo escrito aquí mismo —Morelos: escalada antirreligiosa... 20/03/16— sobre el particular: Tan compleja y preocupante es la situación —dijimos— que, en un hecho inédito, un mes apenas después que el papa Francisco concluyó en Ciudad Juárez su histórica visita al país, la Comisión Episcopal para la Pastoral Social (CEPS) hizo público “un urgente, enérgico llamado a las autoridades (federales y estatales) para atender los hechos violentos ocurridos en Morelos…” —en Tepalcinco, precisamente—  y cerró filas con el obispo Castro y, de manera explícita, dejó pública constancia de (que) “nos preocupa su integridad y seguridad, así como la de su presbiterio, sus agentes de pastoral y su feligresía…”.

Si a ello agregamos el sinnúmero de ocasiones en que el titular de la diócesis que igual lideró el polémico Sergio Méndez Arceo que el sacrificado cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo ha enfrentado, de manera pública y al frente de multitudinarias concentraciones en no pocos casos, las políticas o posicionamientos contrarias a la vida, la familia y el matrimonio del gobernador y los suyos, o la falta de resultados en la recuperación de la paz perdida por la acción del crimen organizado, la impunidad o la corrupción por parte de su administración, lo que ocurre ahora tiene una simple y directa explicación: revanchismo político (del gobernante) contra quien apenas a mediados de la pasada semana (el obispo) aseguró que seguirá hablando con la verdad y trabajando en la construcción de un Morelos distinto…

ASTERISCOS

* ¡Vaya rabieta! la del queretano gobernador Francisco Domínguez, tras confirmar que hoy, en su territorio, Andrés Manuel López Obrador firmará con expanistas (Jorge Lomelí), expriistas (Arturo Altamirano y Fabiola Larrondo) y el general retirado Luis Vicente Domínguez, entre otros, el Acuerdo de Unidad por la Prosperidad y Renacimiento de México. Esto, tras de la cena con decenas de empresarios que organizó Germán Torres Landa El Peje, constituye una afrenta para el panista…