Jueves, 23 de marzo de 2017
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Hacienda debe deducir impuestos

La secuela del vandalismo contra tiendas en Edomex (170), Veracruz (80), Chiapas (60), Hidalgo (59), Puebla (21), CDMX (14), Querétaro (11) y Nuevo León (8) no quedará en marchitas por Reforma del adolescente emocional Epigmenio Ibarra, en la mera anécdota, en memes o en cadenitas de WhatsApp.

Los robos y bloqueos carreteros provocarán desabasto, incremento de precios y desempleo: lo primero que harán los empresarios será recortar personal, pues deberán pagar impuestos a pesar de haber perdido mil 307 millones de pesos sólo en cuatro estados.

Los empresarios de la CDMX registran pérdidas por 52 millones, los de Veracruz mil millones, los de Puebla 185 millones y los de Nuevo León 70 millones. Faltan los otros. Así que, al final de la jornada, las cifras se acercarán a los tres mil millones de pesos.

Para ayudar a que los empresarios robados no estén forzados a reducir personal para reponerse económicamente, Hacienda debería instrumentar un plan para que los empresarios hagan deducibles sus pérdidas por vandalismo: eso les ayudaría a mantener los empleos que generan.

Porque, después de la salud, en 2017 no habrá nada más preciado que conservar el empleo. El nuevo precio de la gasolina elevará el costo de la vida hasta el 4.5 por ciento: desde hace una semana, además del combustible, el gas, la electricidad y el transporte son 20 por ciento más caros.

En la misma línea, el gobierno no debe tardar en anunciar medidas para que el aumento al precio de la gasolina golpee menos a las clases desfavorecidas: que no paguen más de lo actual por el transporte público; y que los precios sean homologados en estados fronterizos con los costos en Estados Unidos.

Porque lo del combustible no puede quedar sólo en la explicación seca y dura de que era necesario, que se trata de un aumento que viene del exterior y que mantener el precio artificial de las gasolinas habría obligado a recortar programas sociales, subir impuestos o incrementar la deuda del país.

Tiene que haber una muestra de sensibilidad, un tratamiento político oficial más dúctil. Un gobierno en México no puede olvidar, así de golpe y porrazo, esa proverbial flexibilidad en una sociedad acostumbrada, desde hace casi un siglo, a recibir después de gritar.

Sin obtener algún beneficio, las mayorías (aunque no posean coche) nunca tendrán interés de entender que el gobierno sólo tenía dos sopas: aumentaba el precio de la gasolina o paralizaba por cuatro meses el Seguro Social, dos años el Programa Prospera y tres años el Seguro Popular.

Aunque no se trata sólo de las mayorías; también de quienes tripulan a los sectores más maleables: populistas, crimen organizado…

Un pretexto más para ellos y acabarán por estallar al país.