Jueves, 27 de abril de 2017
Foto Fuente: Especial

La buena, la mala y la fea de este fin de semana

Por Alejandro Alemán

La buena: Día del Atentado (Patriots Day) - Dir: Peter Berg

En el nombre lleva la penitencia. ¿Qué se puede esperar de una película llamada Patriots Day sino un ejercicio patriotero de auto ovación al american way of life?

Pero dejando ello de lado, lo cierto es que la cinta resulta en una muy interesante película de procedimientos narrada en una estructura típica de cine de desastres para hacer la crónica de los terribles hechos acontecidos en abril de 2013 cuando un par de adolescentes detonaron dos bombas en plena Maratón de Boston (una de las más concurridas del mundo).

El foco recae en el oficial de policía Tommy Saunders (Mark Wahlberg), quien estaba asignado a vigilar la maratón como castigo por ciertos problemas que tuvo en la corporación. Al activarse las detonaciones, el caos reina pero los servicios de policía, ambulancias, paramédicos y demás, atienden de inmediato a los heridos.

Lo que viene después es el despliegue de la llamada “cadena de mando”, el FBI cataloga el hecho como terrorista y todo un equipo humano y de tecnología se da a la tarea de analizar los múltiples videos de vigilancia así como de la gente que fue testigo, todo para encontrar a los responsables.

La película es efectiva en su manejo del suspenso así como en la descripción de los procedimientos que llevaron a la búsqueda y posterior captura de los terroristas, incluyendo el “cierre total” de la ciudad de Boston en una especie de toque de queda que en su momento fue polémico pero que al final dio resultado.

Wahlberg aporta la mirada del “hombre común”, que no es sino la repetición de sus personajes más recientes en otras cintas: el americano promedio, con vicios y defectos pero que llegado el momento hará su deber con diligencia y hasta patriotismo.

La cinta se estrena casi un año tarde en México, pero llega justo a tiempo, toda vez que la tesis de la cinta es que ante el terrorismo la única arma disponible es el amor: lo malo es que a Trump ya se le acabó el amor (if any) y en vez de enviar abrazos, mejor envió a la “Madre de todas las Bombas”. A qué gringos tan locos.

 

La Mala: Si dios quiere (Se Dio Vuole) - Dir: Edoardo Maria Falcone

Esta película es tan mala que hasta parece mexicana. Tommaso (Marco Giallini) es un arrogante médico cirujano y un muy estricto padre de familia. Un día, su hijo (que estudia medicina para complacer a su padre) le llega con la noticia de que abandonará la carrera para mejor volverse seminarista. Por supuesto el padre enfurece (¿cómo es posible que siendo un hombre de ciencia, su hijo quiera ser cura?), así que urde un plan para conocer al cura que le ha metido estas ideas y de esa forma demostrarle a su hijo que se trata de un farsante.

La cinta es una inofensiva y algo chantajista comedia familiar, no exenta de ciertas puntadas y momentos chistosos a la cual le faltan muchas más risas y mucho menos “mensaje”; y es que la película juega con la aceptación de la religión y dios como caminos inevitables. incluso por encima de la ciencia. Ni el más cínico de los cínicos (en este caso el Doctor Tommaso) será inmune a la gracia divina.

A pesar de ser una cinta italiana, Maria Falcone dirige esta pieza con una neutralidad que pareciera gritar a los cuatro vientos: ¡háganme un remake! No dudo que en un futuro veremos esto con un título jocosón del tipo “¿Qué culpa tiene el cura?”, con Derbez e Higareda en los protagónicos. Qué horror.

 

La Fea: Ladronas de Almas - Dir: Juan Antonio de la Riva

La premisa suena interesante: en plena guerra de Independencia, un grupo de misteriosos insurgentes que dicen estar huyendo del ejército realista, pide asilo en una gran hacienda, propiedad de un hombre lisiado que vive ahí con sus tres hijas y dos sirvientes. A regañadientes, el hombre accede a que se queden en una gran catacumba del lugar. Cuando estos hombres revelan sus verdaderas intenciones se llevan una sorpresa al ver que, no solo las tres mujeres del lugar distan mucho de ser indefensas sino que en aquel lugar se guarda un terrible y monstruoso secreto.

El problema de esta cinta es su ejecución tan -por decir lo menos- rara. El director junto con su encargado de fotografía (Alberto Lee) insisten en resolver la mayoría de las escenas con planos fijos donde son los actores, y no el movimiento de la cámara o la edición, los que por sus propios pasos entran y salen de cuadro, cual teatro filmado.

Eso, más unos diálogos más bien acartonados, terminan no solo por confundir al espectador (todo lo anterior deriva en un pésimo manejo de los espacios) sino en provocar franco sueño.