Jueves, 19 de octubre de 2017
Foto Fuente: Internet

Los golpes de la masculinidad: esposos maltratados

¿Existen hombres maltratados por su pareja?

Ciudad de México.- Arturo es Ingeniero en Sistemas, formó una pequeña agencia dedicada a darle mantenimiento a las computadoras de diferentes empresas, trabajo que realiza durante la noche o los fines de semana pues las empresas descansan.

El horario de trabajo de su esposa, una destacada abogada, no coincide con el de él, suele quedarse en casa durante el día, tiempo en el que realiza labores domésticas y por la noche sale a trabajar (aunque no siempre tiene trabajo).

Su relación de pareja es conflictiva pues al tener un mayor ingreso y “relaciones sociales” con personajes destacados de la política, su esposa suele humillarlo haciendo alarde de su superioridad intelectual y de su desarrollo profesional, que al compararlo con el de su esposo Arturo, resulta sumamente devaluado.

Situación que también afecta la sexualidad de la pareja pues con frecuencia Arturo es humillado y calificado como de impotente sexual por su esposa.

El caso de Arturo lleva a la siguientes preguntas: ¿existen hombres maltratados por su pareja?, ¿qué tan frecuente se da el maltrato a los hombres?, ¿qué hace que un hombre permita el maltrato por su pareja?

El concepto de virilidad se hace presente desde el momento en el que los niños —-hombre o mujer—-, se percatan de la diferencia anatómica de los sexos; el hombre tiene pene y la mujer tiene vagina.

En un primer momento, el niño piensa que la niña tenía pene pero que lo perdió, se lo cortaron y desde entonces vive con el miedo de perder el suyo —miedo a la castración —-.

Las implicaciones psicológicas de tener pene es que este representa al falo cuyo significado es la masculinidad cargada de fuerza —física e intelectual—-, de actividad, de poderío, pero todo el tiempo vive con el miedo a perder dicha masculinidad.

Ahora bien, ¿de qué manera el hombre puede llegar a perder la masculinidad, de ser castrado?

Existe la idea que un hombre debe de ser exitoso y el no lograrlo, es una forma de vivir “como castrado”.

Otra forma es el de experimentar y permitir el maltrato por parte de una mujer, situación que se acentúa si el maltrato es recibido por parte de su pareja —esposa, amiga o amante ——.

El que un hombre que reciba maltrato se asuma o se piense como castrado hace muy difícil que pueda buscar formas para salir de la situación de maltrato.

Lo anterior sumado a que en nuestro país existe una sociedad machista, se vuelve todavía más complicado que un hombre denuncie el maltrato y que pida ayuda para evitar la situación de agravio.

Incluso, se piensa como imposible que un hombre necesite ayuda para poder evitar una situación de maltrato, el tema se vuelve tabú y no se comenta ni con los amigos más cercanos.

Si el hombre es más fuerte ejecuta la violencia física; sin embargo, la mujer puede usar la emocional y psicológica, aunque eso no le quita impacto.

El maltrato hacia los hombre resulta tan impensable que la legislación mexicana no contempla ningún protección en este sentido.

Los hombres prefieren guardar silencio ante las vejaciones por miedo a las burlas o a la discriminación, por miedo a la castración que le provocan los golpes —-físicos o psíquicos—- que reciben en su masculinidad.