Martes, 27 de junio de 2017
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Mancera, ¿el nuevo AMLO?

De los más de 30 precandidatos presidenciales que recorren el país y hacen proselitismo, los más acosados y golpeados son, en ese orden, Miguel Mancera y Margarita Zavala.

 Sin embargo, entre Mancera y Margarita, el blanco de los más feroces ataques es el jefe de Gobierno de la CdMx, a quien más de un partido y muchos grupos de poder le han declarado una guerra frontal.

¿Por qué? ¿Quién tiene miedo, fobia y pavor a Miguel Mancera, como para intentar derribar hasta las más elementales decisiones de gobierno, como construir un puente, una calle o una línea de transporte colectivo?

¿Quién es capaz de inventar y promover en redes sociales toda clase de infundios contra Mancera, como la supuesta renuncia del gabinete o el presunto despido en masa de sus colaboradores en el gobierno capitalino?

La respuesta está a la vista de todos.

 Mancera está listo para impulsar el más novedoso frente político electoral —rumbo a 2018— no partidista, capaz de convocar a la sociedad en general

—más allá de partidos— para empujar un proyecto realmente ciudadano en el que habrá lugar para todas las tendencias políticas, expresiones sociales y, sobre todo, los ciudadanos sin partido.

En realidad, la guerra sucia declarada contra el jefe de Gobierno es a causa del temor que provoca el proyecto de Mancera; miedo de los viejos partidos —en especial los cuatro grandes; PRI, PAN, PRD y Morena— a que se concrete la única alternativa real frente al hartazgo social a políticos y partidos tradicionales y al rechazo que muestran amplios sectores de la población.

Y el mejor ejemplo del enojo ciudadano y el repudio a partidos y políticos lo vimos apenas en la elección del Estado de México, donde ninguno de “los cuatro grandes” llegó a 35 por ciento de las preferencias.

Es decir, ni el PRI, el PAN, el PRD o Morena rebasaron la aceptación de tres de cada 10 y, por consecuencia, todos consiguieron el rechazo de siete de cada 10 electores. Claro, todo ello sin contar el elevado nivel de abstencionistas; cuatro de cada 10 potenciales votantes.

Dicho de otro modo, que todos los partidos temen a la formación de un frente amplio, de ciudadanos con o sin partido, donde todas las expresiones tengan un lugar visible y que, al mismo tiempo, sea un instrumento para castigar a partidos y políticos.

 

Y hasta hoy, el único político joven, sin partido, con visión de cambio y que no sucumbió a la tentación de afiliarse o de construir su empresa familiar motejada como partido —y que tampoco cayó en la trampa del populismo trasnochado— es Miguel Mancera, el jefe de Gobierno al que le han enderezado feroces campañas de descrédito. Y es que, además, es el segundo gobernante más influyente en México, gobernador de la capital del país.

Por eso, y porque Mancera pudiera ser la versión tropical del “Macron mexicano”, partidos como Morena, el PAN y hasta el PRI tratan de aplastar el aún embrionario proyecto de Mancera; por eso quieren tirar la Línea 7 del Metrobús, por eso tiraron el Corredor Chapultepec, la Rueda de la Fortuna, por eso trataron de tirar el deprimido de Barranca del Muerto, por eso la campaña contra las fotomultas, por eso…

Pero apenas el pasado fin de semana fuimos testigos de la más reciente campaña orquestada contra Mancera, cuando manos afines a Marcelo Ebrard hicieron correr en redes la especie de que los colaboradores del gobierno de Mancera habían renunciado en pleno, por un lado y, por el otro, que el propio Mancera los había echado a todos.

Se trató de un “borrego” con la intención de sembrar en los ciudadanos la especie de que Mancera es un gobernante débil.

Lo que no saben los detractores y destructores de Mancera es que al tiempo que lanzan campañas de descrédito contra el jefe de Gobierno, también convierten a Mancera en víctima de las perversiones del poder, “de las mafias del poder”.

Convierten a Mancera en víctima de todo aquello y todos aquellos que han provocado el enojo ciudadano; víctima de los viejos partidos que defienden sus privilegios y que se oponen al cambio.

Lo que no saben es que en política y en los eventos político­electorales, la victimización paga y a veces paga bien.

Y es que, sin darse cuenta, los enemigos de Mancera están construyendo al nuevo líder social, al que podría sustituir a AMLO, entre los votantes que rechazan a los mismos de siempre.

Y es que AMLO y su populismo trasnochado ya son viejos conocidos. Es tiempo de un verdadero cambio. Y el cambio es de los políticos jóvenes.

 Al tiempo.