Miércoles, 16 de agosto de 2017
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México-EU: nueva visión en seguridad

La vida está llena de grises y suele huir de los blancos y negros, pero no deja de ser significativo que en medio de la crisis en que ha sumido el presidente Trump la relación de Estados Unidos con muchas regiones del mundo, con un discurso radical, violento, muchas veces irreflexivo, podamos constatar que existen áreas clave de la relación de México con la Unión Americana que están funcionando y lo están haciendo bien, donde, incluso, los mecanismos de colaboración, verborragia presidencial aparte, se están tornando realmente eficientes o, por lo menos, prometen serlo.

En el terreno de la seguridad hay avances notables, sobre todo, si los comparamos con las expectativas que se tenían en enero pasado. Ayer comenzó la conferencia para la prosperidad y la seguridad de Centroamérica convocada por México y Estados Unidos y que se realiza en Miami.

El sólo hecho de que la convocatoria haya sido binacional es un dato importante, pero más lo es la convicción de las dos naciones de que muchos de los problemas centrales de la relación no pasan necesariamente por construir muros (una propuesta cada día más publicitaria y menos real), sino por la aplicación de políticas integrales. Evidentemente, tanto en el terreno de la migración como en el de la seguridad, la severa crisis que viven la mayoría de las naciones centroamericanas es un punto crucial.

Se debe proteger la frontera entre México y Estados Unidos, pero para tener éxito en ello se debe proteger la frontera sur de nuestro país. Guatemala, Honduras y El Salvador son los tres países de la región con mayores problemas de seguridad, pobreza y migración. Y para mitigar esos problemas la participación de México y Estados Unidos es decisiva.

Pero en ese contexto no es menor tampoco la visión que comienzan a plantear los principales funcionarios de seguridad estadunidense, recordando que algunos de ellos, como el responsable del Homeland Security, John Kelly, a diferencia de otros nuevos funcionarios del trumpismo, son hombres de formación militar con conocimiento y experiencia sobre lo que ocurre al sur de la frontera de su país.

El secretario de Estado, Rex Tillerson, dijo ante una comisión legislativa, antes de la reunión de Miami, que se está trabajando con México en la implementación de un “enfoque muy diferente” en el combate a los cárteles del tráfico de drogas y a las organizaciones criminales transnacionales.

Tillerson habló ante el Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes, donde aseguró que los dos países se concentran ahora en la “cadena de abasto” de las actividades de tráfico de drogas, trata de personas y otras actividades criminales transfronterizas. Si es así y esa visión se transforma en realidad, daremos un paso notable en el combate al crimen organizado.

Por ejemplo, en el terreno del narcotráfico el eje del combate se tendría que modificar profundamente. Veamos un caso: la epidemia del consumo de heroína en la Unión Americana que según cifras actualizadas habría provocado nada más y nada menos que la muerte de 56 mil personas el año pasado. Durante mucho tiempo se dijo que la mayoría de esa droga provenía de México.

En realidad, como en alguna ocasión nos explicó el secretario de la Defensa, el general Salvador Cienfuegos, el porcentaje es mucho más bajo, porque buena parte de la heroína que se consume en Estados Unidos es de alta calidad, se cultiva en países como Afganistán, se transporta vía India o China y pasa a la Unión Americana por Canadá.

Claro que en México se producen altas cantidades de heroína y drogas sintéticas, pero sin los precursores químicos que se utilizan para generar esas drogas, no podrían producirlas. Y los precursores químicos provienen casi en su totalidad también de China e India. Si se pone el acento allí, se rompe la cadena productiva. Ese sería un cambio decisivo en la lucha contra el narcotráfico. Y en ese sentido el hecho de que la Secretaría de Marina se haya hecho cargo en estos días de todas las capitanías de puerto del país parece inscribirse en esa estrategia.

“Se trata, dijo Tillerson, de un esfuerzo integral que hemos tenido, que estamos promoviendo, con la cooperación de nuestras contrapartes mexicanas. Creo que va a haber un enfoque muy diferente de cómo atacamos el problema de los cárteles”. Ojalá así sea.

Por otra parte, le preguntaron a Tillerson si compartía la preocupación del secretario Kelly, en torno al “nexo”, la relación, entre los grupos criminales y las redes terroristas. Tillerson, coincidió con Kelly respecto a que esa relación existe. “Claramente, dijo, vemos estas conexiones de estas actividades con organizaciones terroristas, incluyendo el Estado Islámico de Iraq y Siria (ISIS)”.

No sé hasta dónde se da hoy esa relación, pero que potencialmente es uno de los mayores desafíos de la seguridad regional es indudable. Y para combatirla eficientemente Estados Unidos necesita a México y viceversa. Y nadie duda
que no hay mejor estímulo para la cooperación bilateral que la dependencia mutua.