Viernes, 24 de noviembre de 2017
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Morena, tras el payaso de Arne

Expediente Político por José Contreras

Tras perder las elecciones para jefe delegacional de Miguel Hidalgo, Arne aus den Ruthen Haag fue reclutado por la ganadora, Xóchitl Gálvez, quien lo nombró director general de Administración Delegacional.

Arne, con el respaldo de Xóchitl, se asumió como una especie de justiciero delegacional, respaldado no en su cargo formal sino en un cargo que no existe en la estructura orgánica de la delegación: city manager.

Con un gran despliegue mediático, Arne se dedicó a exhibir públicamente a ciudadanos que sorprendía cometiendo alguna falta y a ordenar el retiro de terrazas de restaurante, anuncios en vía pública y otros objetos.

El problema no era que promoviera el respeto a la ley y a las normas cívicas, sino la forma en que lo hacía, exhibiendo y estigmatizando con apodos denigrantes a los infractores y en muchas ocasiones violando permisos para el uso de la vía pública o protocolos de seguridad.

Entusiasmado, Arne se empezó a meter en terrenos escabrosos al confrontarse con embajadas y con el Estado Mayor Presidencial.

Llegó el momento en que el locuaz de Arne se convirtió en un problema para Xóchitl Gálvez, a quien le llovían reclamos del gobierno central, del gobierno federal y de diplomáticos extranjeros, por las arbitrariedades que cometía su empleado.

La clausura de un edificio de su familia por violaciones a las normas de uso de suelo por parte del Invea, el 21 de junio del 2016, fue el pretexto idóneo para que Xóchitl se sacudiera a ese lastre que le pesaba cada vez más.

Ya sin el cargo público, Arne se dedicó a recorrer toda la ciudad e incluso otras ciudades del país al frente de una Brigada Antigandalla que recolecta “bienes mostrencos” y pone etiquetas a los automóviles mal estacionados.

Pero su careta de justiciero ciudadano cayó el 2 de julio del año pasado, cuando el diario Excélsior documentó que Arne usaba recursos y personal de la delegación Miguel Hidalgo para montar sus pantomimas.

Meses después, cuando su rating bajaba, Arne se convirtió en un promotor de agresiones a políticos exclusivamente del PRI. El pasado 18 de enero él personalmente le lanzó jitomates al coordinador de este partido en la Cámara de Diputados, César Camacho.

Dos semanas después llevó a todo un escuadrón de ciudadanos bien uniformados con chalecos rojos a lanzar pañales sucios a la sede nacional del PRI. Los pañales no dieron en el blanco y quedaron regados sobre la avenida Insurgentes, sin que ninguna autoridad arrestara o impusiera una multa a Arne por ensuciar la vía pública.

Ahora, ese payaso está ante la posibilidad de ser purificado por Morena. El pasado viernes, el dirigente de Asamblea de Barrios y militante del partido obradorista, Javier Hidalgo, invitó a Arne a sumarse a las filas de la honestidad valiente.

Puede que Arne, proclive a los reflectores, lo piense. Pero puede que lo piense dos veces, pues en el proyecto de López Obrador también está el payaso de Gerardo Fernández Noroña. Y los polos iguales se repelen.

OFF THE RECORD

**El OTRO ANAYA

El candidato del PAN al gobierno de Coahuila, Guillermo Anaya, acudió, casi en secreto, el pasado lunes, al Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación.

Anaya se reunió con varios magistrados, a quienes pidió que si se anula la elección, como parece que ocurrirá, se le permita a él volver a competir.

La moneda aún está en el aire.

**TRAGEDIA EVITABLE

La tragedia de Oaxaca se pudo evitar o al menos pudo no haber sido tan grave.

El gobierno del estado compró un sistema de alerta sísmica pero dejó de pagar el mantenimiento y por lo tanto, estaba desactivada.

La alerta les hubiera dado a los habitantes de Juchitán 30 segundos para salir de sus casas.

El hubiera no existe. ¿Habrá castigo para quienes cometieron la grave omisión relacionada con las alertas inactivas?

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