Miércoles, 28 de junio de 2017
Foto

¡No son los partidos, somos todos!

Para nadie es nuevo el desencanto social por la política y los políticos. No es nuevo que son la vergüenza pública gobernantes del PRI como Javier y César Duarte, y como los panistas Padrés y Femat.

A lo largo de los años han sido vergüenza histórica gobernantes represores y criminales como Gustavo Díaz Ordaz y Luis Echeverría, además de José López Portillo, epítome de la frivolidad, el derroche y la ratería; mientras que el ejemplo de ineficacia e inutilidad se llama Miguel de la Madrid.

Pero también son una vergüenza histórica casos como los hoy purificados morenos Manuel Bartlett, Fernando Espino, Elba Esther Gordillo y muchos otros purificados por las aguas del mesías de Tabasco.

 Sin embargo, la vergüenza no solo se localiza en los viejos políticos. También aparecen nuevos vividores que saltan de partido en partido en busca de la supervivencia elemental. Entre ellos destacan pillos como René Bejarano y la pareja modelo: Carlos Ímaz y Claudia Sheinbaum — los dos probados rateros—, sin olvidar a los ya míticos Gustavo Ponce y Eva Cadena, de Veracruz.

Pero el descontento y el hartazgo social —que de manera legítima enojan a muchos—, llevó a otros oportunistas a proponer un voto contra el PRI. Supuestos “artistas” —payasitos de tele— pregonan un voto contra el horripilante terror llamado PRI, como si el problema fueran los partidos y no los ciudadanos.

 Y es que al tiempo que los “inteligentes” promotores del voto contra el origen de todos los males —llamado PRI— proponen el vulgar maniqueísmo de que los males de toda la política —y todos los políticos malos— están en un solo partido, llamado PRI, olvidan que los políticos, de todos los partidos, no son sino retrato de la sociedad toda.

 Es decir, aquellos que ardorosos cuestionan al PRI olvidan que el resto de partidos —PAN, PRD. Morena, PT, PVEM, Panal— son hijos bastardos del PRI y que todos se han nutrido de la savia envenenada del viejo partido tricolor; savia de la corrupción, el oportunismo, la impunidad y el grosero año de Hidalgo.

Y si dudan, que respondan la pregunta clave de toda la clase política mexicana contemporánea. ¿De qué han vivido en la última década AMLO, toda su familia y su claque? La respuesta la saben todos; han vivido de la ratería. ¿Son mejores, iguales o peores que el PRI?

Pero además, todos los políticos y sus partidos salen de la misma sociedad que hoy —escandalizada— los cuestiona, repudia, sataniza y denuncia; sociedad que, como Pedro, al amanecer de la democracia niega a los suyos, sus engendros, los políticos.

Pero lo más ridículo es que los promotores del odio contra el PRI — debiera ser odio contra todos los partidos que en ocho décadas parió el PRI, incluido Morena, el más rancio PRI— aplauden el arribo a la política de la más vergonzosa estulticia, mediocridad, cinismo y hasta vulgar glorificación de la estupidez.

 ¿Lo dudan?

¿Qué decir de un partido como Morena; de su dueño, seguidores y simpatizantes, que imponen como candidata al gobierno mexiquense a una analfabeta funcional como Delfina Gómez?

 Quieren llevar al gobierno a una ciudadana incapaz para articular dos palabras, que no es más que estimular la vuelta de lo más rancio del viejo PRI, sino la victoria de la mediocridad y la estupidez política y ciudadana.

Pero Delfina es solo un botón de muestra.

 ¿Cómo es posible que una sociedad como la de Nuevo León llevó al poder a Jaime Rodríguez, motejado como El Bronco, otro analfabeta funcional que no rebuzna porque sus limitaciones no dan siquiera para alcanzar el tono?

 ¿Por qué la sociedad de Cuernavaca llevó al poder a otro analfabeta como Cuauhtémoc Blanco, ex futbolista que mantiene en el caos al municipio de la capital de Morelos; vinculado con el crimen organizado, que no conoce “la o por lo redondo” y encima tejió una red de pillerías para saquear el municipio.

 ¿Cómo es posible que en San Blas, en Nayarit, haya llegado al poder y busque el gobierno estatal un patán ignorante y abusador de mujeres como 'Layín'?

 ¿Cómo es posible que primero en Iztapalapa y luego del Iguala, el dueño de Morena haya impuesto a candidatos como Juanito y como Abarca? El primero, un analfabeta ambicioso, y el segundo un probado criminal.

 Y de todas esas incongruencias y ejemplos de estupidez política y social, de la degradación social y política provocada por los hijos bastardos del PRI, nada dicen los preocupados que promueven el voto contra ese partido.

Y es que igual de ignorantes y maniqueos que lo más rancio del PRI, los promotores del voto contra el tricolor no quieren ver que el problema no son los partidos; el problema es la sociedad toda; somos todos.

Al tiempo.