Sábado, 18 de noviembre de 2017
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Panzonas y mensas, pero sin ofender, eh

“Fue un dicho humorístico sin pretender ofender”. Con esta respuesta, Elena Poniatowska se libra del ventilador de basura que ella misma habría puesto sobre cualquier liberal que hubiese llamado “panzonas y mensas” a las indígenas juchitecas.

Es patente de corso de la izquierda: vivir de los pobres y las causas sociales (y vivir muy bien a veces) por el solo hecho de arrogarse el derecho de ser la única corriente de pensamiento que defiende a los pobres y a las causas sociales.
Después de criticar la gordura de las indígenas juchitecas, la ideóloga de Morena colgó un comentario en Facebook, que no es una disculpa, pero para ella y la feligresía obradorista basta.
“De mí misma, suelo decir que tengo una panza de hipopótamo… La divulgación de mis declaraciones es un distractor para desviar la atención de la situación política que ocurre en el país y en Oaxaca”, escribió.
¿De verdad las panzas y la tontera que ve Elenita en las indígenas desvían la atención de los casos de corrupción atribuidos, por ejemplo, a Javier Duarte y al PT, o de los casos de corrupción que afloran del gobierno de Gabino Cué en Oaxaca?
No: sus frases fueron una metida de pata de una señora que se quiso hacer graciosa y se siente inmune contra lo que diga sobre los indígenas que tiene como bandera; así como Evita Perón pensaba de sus “descamisados”.
Elenita puede decirlo, no por el prestigio literario que pudiese poseer, sino por ser “de izquierda”.

Lo explicó hace poco el Premio Nobel de Literatura Vargas Llosa, al referirse a la relación de García Márquez con Cuba:

“Creo que García Márquez tenía un sentido muy práctico de la vida, y se dio cuenta de que era mejor para un escritor estar con Cuba que estar contra Cuba. Se libraba del baño de mugre que recibimos todos los que adoptamos una postura crítica. Si estabas con Cuba podías hacer lo que quisieras, jamás ibas a ser atacado por el enemigo verdaderamente peligroso para un escritor, que no es la derecha sino la izquierda. La izquierda es la que tiene el gran control de la vida cultural en todas partes, y de alguna manera enemistarse con Cuba, criticarla, era echarse encima un enemigo muy poderoso y además exponerse a tener que estar demostrando que no eras un agente de la CIA, que ni siquiera eras un reaccionario, un pro-imperialista. De alguna manera la amistad con Cuba, con Fidel Castro, lo vacunó contra todas esas molestias”.

Las mismas molestias de que se libra Elenita, como ofrecer una sencilla disculpa por ofender la apariencia física de las indígenas que dice defender.

En fin: sé de izquierda y estás vacunado.