Lunes, 23 de octubre de 2017
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Un acuerdo con tintes de pasado

Cargado de claroscuros terminó por ser el acto de ayer en que se dio a conocer el Acuerdo para el Fortalecimiento Económico y la Protección de la Economía Familiar. Tienen razón quienes se sintieron en una especie de túnel del tiempo y se ubicaron en los setenta, ochenta e incluso los noventa.

No sólo fue por la parafernalia que envolvió al evento, sino también por el singular uso del lenguaje en que, más que atender la seria demanda ante la que estamos, parecería que se trataba de llenar de elogios y adjetivos al Presidente; es evidente que ya no se está para ello y menos ahora.

Ayer se reunió un grupo poderoso que gobierna y cogobierna a la sociedad, se puso de acuerdo, nos dijo cómo ven las cosas y lo que pretende hacer. La representatividad de los presentes pasó por un proceso de cuestionamiento porque si bien la pueden tener en su ámbito particular, por ejemplo la CTM, para el país que somos está muy lejos de tener la representación del sector obrero en su conjunto.

Si partimos de que el problema no es sólo económico sino también social, la pregunta y la duda es: ¿dónde estaban los actores políticos, los partidos, por más que se merezcan la crítica regular, las organizaciones sociales que han estado estudiando el tema y que en muchos casos se están manifestando en las calles?.

La fuerza del acuerdo está en la representatividad que tienen quienes lo firman. La decisión que tomó la Coparmex de no asistir y signar el acuerdo muestra las diferencias y la forma en que se hicieron las cosas. La organización patronal de plano se negó a suscribir el acuerdo por estimar que era “improvisado, incompleto e insuficiente”, y que además se lo habían entregado dos horas antes de la reunión.

Pero lo que también llamó poderosamente la atención de las razones que expresó Coparmex fue el hecho de que no consideró que el encuentro tuviera una real representatividad que diera fuerza y valor a los acuerdos.

La cuestión ahora es saber cómo le van a hacer los que firmaron el proyecto para poder cumplirlo y qué tanto alcance va a tener. En el país en donde nos llenamos de proyectos pero no hacemos seguimiento de los mismos, un elemento siempre a considerar es que por más que todo esté bien hecho en el papel, en la práctica las cosas se van dejando y todo puede terminar en la dejadez, o en que se eche a andar una especie de ley de la selva en que cada quien termina por hacer lo que quiere.

Dicho de otra forma, con el remedio deben venir el trapito y el necesario y sistemático seguimiento de lo que se hace porque la experiencia nos dice que sin seguimiento no hay cumplimiento de objetivos.

Lo que sigue siendo un enigma con los acuerdos o sin ellos, es en qué pueden derivar las protestas por los incrementos en los precios de las gasolinas, las cuales no cejan y en algunos casos son cada vez más recurrentes.

Seguimos siendo de la idea de que el Gobierno está en la creencia de que las cosas se van a terminar resolviendo casi que por sí solas, pero no hay indicios de que vaya a ser así. Todos los indicadores llevan a que la explicación más acabada de lo que está pasando rebasa las protestas sobre el incremento a las gasolinas; este hecho es un detonador en medio del hartazgo y la impopularidad del Gobierno.

Ya veremos cómo le va al acuerdo. Debiera ser un mecanismo de defensa ante los muchos movimientos económicos que se vienen dando. Su problema ya es su representatividad y los inevitables vaivenes económicos junto con la inminente llegada de Donald Trump.

El gran tema para el Gobierno debiera ser el que sigue sin entender que la reacción social va más allá de los gasolinazos.

- RESQUCIOS. Así nos lo dijeron ayer:

No está en mis manos cambiar los precios en las gasolinas. Fue una decisión del Congreso y le corresponde a este o al Ejecutivo eventualmente hacerlo.

Graco Ramírez. Gob. de Morelos y Pdte. de Conago