Jueves, 23 de marzo de 2017
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Ya díganle a AMLO sí o no, pero ya

El PRD está sorteando como puede su crisis. Su gran problema es su indecisión, da la impresión de que no se atreve a decir en voz alta lo que piensa, de no ser algunos de sus militantes.

Mientras no quiten a López Obrador como su eje de rotación no va a ser posible que logren reencontrarse. El problema se ha concentrado en el tabasqueño, pero los perredistas saben bien que no es lo único que deben atender con urgencia.

No han sabido ser una auténtica oposición y sólo en algunos casos lo han sabido hacer como gobierno. Su relación con Peña Nieto es la representación de sus contradicciones.

Se sumaron al Pacto por México y meses después le tomaron distancia y hasta se dijeron engañados. Pensaron en el país y fue por ello que seguramente aprobaron reformas. Lo hicieron porque querían dejar de verse ante la opinión pública como un partido del no y belicoso.

También lo hicieron para tomarle distancia a López Obrador, lo cual desde donde se vea era una derrota y un mensaje para que los políticos se pusieran de acuerdo.

Así también lo entendió el PAN. El partido se quedó sin margen de maniobra, lo habían sacado de Los Pinos después de haberlo habitado durante 12 años. El blanquiazul terminó en tercer lugar en medio de una lucha interna en que Josefina Vázquez Mota se quedó sin el apoyo real; dicen que en el Edomex ahora sí se lo van a dar.

El PRD debió asumir que si se había metido en el pacto los acuerdos tenían que hacerlos valer en lugar de reclamarlos cerca de la negación, como si no tuviera qué ver con ello. En todo caso no los hubiera firmado y no hubiera salido en la foto.

La participación del PRD en los actos de inicio de sexenio fue ocasión para que los detractores del partido y los seguidores de López Obrador, muchos de los cuales estando en el PRD tenían pie y medio en Morena, acusaran de entreguista a la dirigencia.

La decisión que tomó el PRD de participar en el inicio del sexenio de Peña Nieto tenía su razón de ser. Su problema fue el no hacerse valer como oposición. Una buena apuesta terminó por salirle cara, por más que haya recibido “beneficios” de parte del Gobierno.

La descomposición del partido es multifactorial. Ha prevalecido la distancia de muchos de sus militantes, lo que ha provocado que las dirigencias se enquisten o entren en los terrenos del “quítate tú para ponerme yo”, sin que en el proceso se presenten la autocrítica o el anhelo de cambio.

Lo primero que ya debe hacer es no permitir que desde fuera lo sigan ninguneando, en particular López Obrador. Nos decía ayer Fernando Belaunzarán que la forma en que AMLO le planteó a la presidenta del PRD aquello de que “se decida y dé el paso” para cambiarse a Morena es la manifestación de que no acepta acuerdos. Es el estás conmigo o no hay nada; “no es forma intentar vaciar un partido para después quererlo de aliado”, nos dice Fernando.

El PRD debe decirle a López Obrador de una vez por todas lo que quiere o no quiere con él, debe decir sí o no. La indefinición y el tabasqueño están atomizando cada vez más el partido. El sol azteca se ve débil, expuesto y sin rumbo.

Se ha repetido en innumerables ocasiones con razón que el PRD se quedó como pasmado después de las elecciones del 2012. Los perredistas no le deben lanzar todas las responsabilidades a López Obrador porque no tiene sentido y no es así.

Es el tiempo de que el PRD defina sus escenarios y asuma que pase lo que tenga que pasar.

- RESQUICIOS. Así nos lo dijeron ayer: El reto del modelo educativo es garantizar educación gratuita y de calidad. Es un rosario de buenas intenciones, le damos el beneficio de la duda. Todo modelo es perfectible. Es de destacarse que está introduciendo un modelo humanista. Reconoce la diversidad de las escuelas. Reconoce la importancia de las lenguas originales. Es un nuevo modelo como parte de la reforma, no es una revolución: Eduardo Backhoff, consejero INEE.