Sábado, 18 de noviembre de 2017
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¡Ya paren de mamar...!

Es posible que el título del Itinerario Político de hoy moleste a algunos lectores. Me disculpo por ello.

Lo cierto es que era necesaria tal expresión ante el tamaño del exceso y las repercusiones sociales por la pobre investigación de la Universidad de Texas —sobre la presunta influencia de Los Zetas en Coahuila y Veracruz— y el poco o nada responsable manejo informativo del caso.

 Y es que tanto redes, como digitales y medios engordaron un vulgar rumor —declaración de criminales—, que sin rigor periodístico muchos dieron por bueno; la supuesta “información” de que Los Zetas tuvieron y tienen el poder absoluto en Coahuila y Veracruz y que los gobernadores y alcaldes no son más que “peleles” de los matarifes.

Y, en efecto, es posible que Los Zetas sean todo lo que concluyó la Universidad de Texas. Incluso es posible que sean mucho peores.

El pequeño problema —y el gran detalle— es que la “investigación” de la Universidad de Texas no es más que una recopilación de declaraciones de testigos pertenecientes al grupo criminal Zetas, sometidos a proceso en el sistema penal estadunidense.

Y, como saben, la declaración de un testigo en Estados Unidos —y peor si es testigo protegido— vale tanto como una moneda de 20 centavos; es decir, nada.

Lo cuestionable es que a pesar de vergonzosas experiencias con declaraciones de testigos criminales protegidos, medios, redes, digitales y críticos mexicanos repitieron las declaraciones, las amplificaron y les dieron el valor de veredicto judicial, hasta hacer creer a las audiencias que la declaración de un criminal zeta es “¡la puritita verdad...!”.

Sin embargo, medios, redes, digitales, analistas y —sobre todo— las audiencias olvidan que aquí y en China a eso se le llama periodismo maniqueo, falso; fake news.

Pero vamos por partes.

¿Cuántos ciudadanos creen en la palabra del presidente Peña Nieto? ¿Cuántos le creen a Donald Trump? ¿Cuántos creen lo que dice Carlos Slim? ¿Cuántos creen lo que dice AMLO? ¿Cuántos le creen a Margarita Zavala, al PRI, al PAN, al PRD…?

Seguramente un porcentaje muy alto no le cree nada a los servidores públicos, a los partidos, a los políticos, gobernadores, al Presidente, a los empresarios y tampoco creen lo que dicen —decimos— los periodistas.

¿Pero qué creen? Resulta de risa loca que gran parte de los escépticos mexicanos que no creen en nada, repentinamente creen toda la declaración de un puñado de criminales pertenecientes al grupo Zetas, quienes en testimonio ministerial le dicen a un juez en Estados Unidos que México es la peor mierda posible.

Peor aún, uno de los directivos de la Universidad de Texas —Ariel Dulitzy—, consultado por periodistas de MILENIO sobre la credibilidad del testimonio de los criminales que involucran a los hermanos Moreira —que han gobernado Coahuila en la última década—, dice candoroso: “Tenemos la confianza de que su declaración es creíble”.

¡Ya paren de mamar…!

No saben o no quieren entender que el periodismo y la justicia no son actos de fe. Ningún periodista, ningún analista, ningún investigador y ningún juez puede “confiar” en que un testigo criminal esté diciendo la verdad.

Los periodistas, los investigadores y los juzgadores deben probar los dichos de un testigo; cualquiera que sea. Y si esos dichos no se sostienen con pruebas, con hechos, entonces esos dichos se desechan; son rumores vulgares.

Pero tampoco las investigaciones universitarias son infalibles; tampoco sus resultados deben ser tomados como un acto de fe. ¿Por qué? Porque hasta las más reputadas universidades y los más prestigiados investigadores se equivocan, mienten e inventan. ¿Lo dudan?

Ayer, en un extraordinario texto —titulado “Harvard Miente”—, Jacques Rogozinski probó que dos reputados investigadores de la Universidad de Harvard —Daron Acemoglu y James A. Robinson— no son más que vulgares mentirosos.

La historia a la que hace referencia viene de los tiempos en que las empresas de Slim ganaron el proceso de privatización de Telmex y que —según los “investigadores”— fue un proceso tramposo. Rogozinski probó que mentían, demostró el engaño y Harvard nunca se retractó, menos los “investigadores” y tampoco la editorial que publicó el libro donde aparece la “investigación”.

Pero está claro que a la “legión de idiotas” de redes y digitales poco o nada importa la verdad y tampoco parar las noticias falsas.

Es decir, investigaciones falsas producen noticias falsas y crean una falsa percepción de lo que pasa en México; mentiras que terminan convertidas en combustible de las matonas redes y las digitales sembradoras de odio. Así o más claro. ¡Ya paren de mamar…!

Al tiempo.