Vaya una felicitación al Ejército Mexicano en su 106 aniversario, en especial a quienes con lealtad y respeto defienden la Patria y sus instituciones, para mantenerla libre, independiente, sólida y soberana.

El momento actual de las relaciones civiles militares muestra un cuadro de matices que van desde la tensión extrema y conflictiva hasta una especie de idilio romántico, de la hiel a la miel; según quiénes y cómo se vinculen con las ffaa -soldados, marinos y pilotos-, así se observan las relaciones con los poderes y niveles de gobierno, con el pueblo y en particular entre presidente-ffaa, y con legisladores, partidos, gobernadores, presidentes municipales, empresarios, intelectuales, estudiantes.

Desde luego que en las relaciones civiles militares ha habido respeto, y en algún tiempo hasta temor y en algunos espacios actuales desdén e insultos. Las campañas políticas, los aniversarios simbólicos o eventos significativos han expresado el pulso de estas relaciones.

El actual presidente mantuvo hasta un poco antes de iniciar su gobierno, una actitud de confrontación con las ffaa, un discurso agresivo, acusatorio y criminalizador, hizo responsables a los militares de actos bochornosos, de supuestos abusos y violaciones a derechos humanos, sin prueba alguna. Parece que ese tiempo se ha diluido ya, el presidente ha conocido y aprendido del quehacer militar, modificando su discurso y responsabilizando a la autoridad civil de atrocidades que le había endilgado antes a las ffaa, ahora son pueblo uniformado y sin culpa alguna, además le ha otorgado un peso específico en su gobierno, a grado tal que el principal proyecto de gobierno descansa en las ffaa: la Guardia Nacional.
Qué buena rectificación, pues los militares integran una institución que no sólo es mejor evaluada por la sociedad, por encima de partidos, Iglesias y universidades, sino que mantienen lealtad institucional, formación profesional y doctrina militar, que le han otorgado un nivel de efectividad y competencia destacados frente a cualquier grupo u organización de la sociedad, incluso en comparación con la institución presidencial.

Los empresarios y gobernantes locales han encontrado apoyo y respaldo en las ffaa, sobre todo ante los embates de la delincuencia organizada y su amplio portafolio de actividades ilícitas. El pueblo llano y las autoridades han recibido la atención inmediata en casos de desastres naturales o creados por errores humanos, los programas de protección civil se han institucionalizado y sus protocolos están disponibles para todos.

Los delincuentes no miran bien la buena relación de las ffaa con las autoridades y el pueblo, de hecho buscan deslegitimarla y socavarla, pues así ellos resultan beneficiados en el río revuelto.
El tema de la Guardia Nacional ha confrontado a muchas organizaciones de la sociedad civil, muchas de corte izquierdista o conservador o de defensa de los ddhh, incluso a legisladores y partidos políticos. Pero no es necesariamente en contra de las ffaa, sino más bien en contra de proyectos y acciones gubernamentales y, al considerar la relevancia de la propuesta y la cercanía con el presidente, presionan y atacan tanto a las ffaa como a la Guardia Nacional mostrando tres temas centrales: la temporalidad -que no desean sea permanente; el mando, que insisten en que sea civil por todos los costados sin mirar las condiciones de preparación, doctrina y eficacia de las ffaa y, la militarización, que afirman llevará a un control de la sociedad por parte de las ffaa. Mucho se ha debatido al respecto y las opiniones encontradas habrán de dirimirse ya en la Cámara de Senadores.

Así marchan las relaciones civiles militares en este 106 aniversario del ejército mexicano.