La pregunta es obligada, no solo porque significa una de las más graves afrentas a las mujeres mexicanas, a la justicia, a la política y, sobre todo, a lo que queda de la democracia mexicana.

¿Por qué el presidente Obrador –el mismo que por décadas pregonó superioridad moral–, hoy solapa y defiende a Félix Salgado Macedonio, el político emblema de la agresión sexual a las mujeres; epítome de la ilegalidad y la transa y, sobre todo, estandarte de la corrupción?

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Existe una primera respuesta, que resulta elemental.

En efecto, López Obrador solapa a Salgado Macedonio porque puede hacerlo y porque le place hacerlo.

Sí, Obrador solapa a su amigo Macedonio –y hace oídos sordos a los señalamientos de mujeres ultrajadas por Félix–, porque el presidente se sabe impune, dueño de las instituciones, no sólo electorales, sino de aquellas que son responsables de impartir justicia.

Y al presidente le place solapar a su amigo Félix –lo que significa que le provoca placer–, porque sabe que al imponer y avalar a Macedonio –acaso el candidato más impresentable de la política en México–, Obrador ratifica el poder absoluto que ejerce.

Y ese es justo el centro del tema.

Es decir, que al presidente mexicano en realidad poco o nada le importa el futuro político de Salgado Macedonio; no le importa si Félix llega o no al gobierno de Guerrero y menos le importan los habitantes de aquella entidad, una de las más pobres y rezagadas del país.

¡Y entonces qué es lo que le importa al presidente mexicano?

Lo que le importa, lo que busca y lo que pretende el mandatario es que todos se enteren del tamaño de su poder; de su infinita capacidad para imponer su voluntad, a pesar de los peores obstáculos y las más serias adversidades, pero, sobre todo, para que todos vean la ínfima debilidad de las instituciones y de sus adversarios.

En efecto, al imponer a Salgado Macedonio como candidato de Morena al gobierno de Guerrero –contra todas las voces, las opiniones y a pesar de solapar todas y cada una de sus trapacerías–, López da un manotazo público, autoritario y dictatorial para que a todo México le quede claro quien manda.

Y si vamos más allá, a continuación, un ejemplo de lo que podría ser el tono del mensaje presidencial en el caso de Félix Salgado.

“¡Aquí el que manda soy yo; el que decide sobre la vida de mexicanos y guerrerenses, el que dicta las reglas morales y las leyes, soy yo; el que decide si se castiga o no a un violador, a un ofensor de mujeres o si se aplica la legalidad a un candidato, ¡soy yo”!

El verdadero mensaje para todos quienes son parte del Estado; para instituciones y ciudadanos, para opositores y hasta para el mundo, es que López Obrador es el “mandamás”, el rey de México; el dueño de vidas y futuros políticos.

Y claro, como AMLO “no da paso sin huarache”, tampoco se debe desechar la hipótesis del pago de facturas en el caso del impresentable Félix Salgado Macedonio.

¿Y por qué el pago de facturas?

Aquí vale recordar que en este espacio documentamos, en distintas ocasiones, los acuerdos, los pactos y las alianzas que los constructores del Partido Morena llevaron a cabo con grupos criminales de todo el país.

En el caso de los fundadores de Morena en Guerrero, no era secreto para nadie que los experredistas afines a Obrador contactaron a buena parte de las bandas criminales que operaban en esa entidad.

Así, políticos como Lázaro Mazón, Félix Salgado Macedonio, además de “figuras” como Delfina Gómez y Rocío Nahle –hoy secretarías de Educación y Energía, respectivamente–, estrecharon lazos con mafias como Los Guerreros Unidos y otras bandas que, al final, financiaron la construcción de Morena.

Como todos recuerdan, uno de esos pactos llevó a la alcaldía de Iguala a José Luis Abarca, a la postre responsable del crimen de Los 43 de Ayotzinapa.

Hoy, el gobierno de Obrador aún tiene deudas pendientes con algunos grupos mafiosos del país y, sobre todo de Guerrero, cuyo vínculo con el poder presidencial se llama Félix Salgado Macedonio.

Por eso, la candidatura del ofensor de mujeres sería defendida, a capa y espada, por el mismísimo presidente.

Sin embargo, Salgado Macedonio no las tiene todas consigo.

Y es que cada vez es mayor la presión de intelectuales orgánicos y grupos feministas que amenazan con desertar si Macedonio es ratificado como candidato y que han buscado incluso el apoyo de la esposa del presidente, para retirar la candidatura de uno de los mayores lastres del partido oficial.

Al tiempo.