La irresponsabilidad oficial no tiene nombre; llegó a un extremo que reclama la intervención del Estado todo.

Y es que mientras que el presidente Obrador utiliza más de tres horas en su maniquea y mentirosa propaganda mañanera –el 11 de noviembre dedicó tres horas y 12 minutos al parloteo–, el país se desangra.

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Sí, de manera literal, México se desangra. ¿Lo dudan?

Es escándalo en la prensa internacional que en el corazón de Ciudad de México, aparecen cuerpos de niños desmembrados y abandonados en una maleta transportada “por un diablito”.

El macabro hallazgo involucra a niños sicarios que exterminan a otros niños vendedores de droga; todo en la capital del país, en el México desangrado por un ineficaz y hasta criminal gobierno, como el de AMLO.

Danza mortal del poder federal que, en lugar de castigar a quienes solapan la avalancha de muerte –70 mil muertes violentas sólo en 24 meses de gobierno–, los premian con una candidatura al gobierno de Sonora.

En otro extremo del país, miles de damnificados por las inundaciones en Tabasco, sin atención, sin el dinero del Fondo de Desastres, condenados al olvido y a “la buena de Dios”; paisanos del presidente mexicano a quienes Obrador olvida con un grosero y grotesco “tengo otras cosas que hacer”.

Olvido criminal frente a inundaciones no sólo producto de los aguaceros sino de la indolencia del titular de la CFE, Manuel Bartlett –y de obras de mala calidad–; indolencia y corrupción que solapa el presidente Obrador.

En otra región del país, también lastimada, aparecen gobiernos estatales en llamadas, como Veracruz y Quintana Roo, en donde bandas criminales hacen a su antojo y en donde los gobernadores son sólo membretes.

En Veracruz, la autoridad estatal ignoró el llamado de auxilio de la alcaldesa de Jamapa, Florisel Ríos Delfín, quien pidió ayuda al gobernador –que la ignoró–, y a quien asesinaron sicarios que controlan el estado.

Ni una palabra del presidente sobre el terror que viven los veracruzanos. Eso si, cada que existe una denuncia pública contra el inútil mandatario estatal, Cuitláhuac García, el presidente es el primero en solapar su estulticia.   

En Quintana Roo, la alcaldesa de Cancún, del Partido Morena, Mara Lezama, ordenó disparar contra decenas de manifestantes; mujeres que protestaban por la muerte de otra mujer, la joven Alexis, desaparecida y encontrada muerta en el municipio de Benito Juárez.

¿Qué ha dicho el presidente Obrador sobre la barbarie oficial en Cancún; sobre los incontenibles feminicidios en todo el país? Al presidente mexicano le tiene sin cuidado, porque lo suyo es la represión.

Y es que, en efecto, la barbarie es el signo de los gobiernos de Morena, empezando por el de López Obrador, que solapó otra masacre similar, hace apenas dos meses, en Chihuahua, contra agricultores que exigían agua y que fueron masacrados por la espalda. En esa represión murió una mujer a quien la Guardia Nacional le disparó por la espalda.

Y mientras todo eso ocurre, en la Cámara de Diputados, los lacayos del presidente Obrador dejaron sin presupuesto no sólo a toda la atención de la pandemia, en general, sino a la compra de las vacunas contra el Covid-19; erogación que no se incluyó en el Presupuesto 2021.

Esa omisión criminal no le importó a ningún diputados de los partidos aliados al presidente; y no importó porque no existe división de poderes; porque los diputados son lacayos del presidente, no representantes del pueblo.

Y también por eso, los lacayos de San Lázaro dejaron sin el presupuesto necesario al INE, lo que confirma la especie de que en el 2021 el gobierno de AMLO prepara un grosero fraude electoral.

Pero también los diputados se prestaron a las venganzas del dictador Obrador, quien ordeno reducir de manera sensible el presupuesto para gobiernos estatales que no se han “alineado”; estados como Jalisco, Michoacán y Nuevo León, entre otros de la Alianza Federalista.

Y la falta de ese presupuesto –producto del rencor presidencial–, redundará “sí y sólo sí” en más violencia, más crimen y menos bienestar. Es decir, en más sangre en todo el país.

Pero no termina ahí la historia. La prensa internacional, más que la prensa nacional, lanzó la alarma  de que el gobierno de México dejó de comprar vacunas de enfermedades consideradas erradicadas. Hoy, los rebrotes en México son de escándalo. No hay vacunas para tuberculosis, sarampión, tétanos y muchas otras. Otra indolencia criminal de Obrador.

Y la macabra “cereza del pastel”. En sólo 12 días, en México fueron asesinados tres periodistas; el 30 de octubre asesinaron a Arturo Alva Medina; el 3 de noviembre a Jesús Piñuela Montes y el 9 de noviembre Israel Vázquez. Nadie investiga nada sobre los criminales.

 ¿Y qué dicen el gobierno y el presidente; qué dicen el partido oficial, sus diputados y senadores; qué dice la CNDH?

Todos callan; el silencio de complicidad criminal.

Al tiempo.