El PRIAN robaba, Morena encubre violadores

Martín Alonso
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Durante años se creo desde antigua oposición una repulsión a todo lo que tuviera color azul y rojo. El PRI y el PAN se convirtieron en partidos deleznables, a los que nadie quiere por ser malos.

Morena, con Andrés Manuel López Obrador al frente se encargaron de señalar actos de corrupción, robos, saqueos y hasta los errores más mínimos en los gobiernos pasados. Se burló de Peña, Calderón, Fox y Salinas; los acabó en la plaza pública con discursos de odio.

Pero hoy que Morena llegó el poder, se cumplió aquel viejo dicho que versa, «cae más rápido un hablador que un cojo». Desde que iniciaron con la Cuarta Transformación nos dimos cuenta que eran los mismos de siempre, pero esta vez con chaleco guinda.

Salieron casos de corrupción, costosas casas y departamentos sin declarar, hermanos que reciben dinero ilegal, primas premiadas con adjudicaciones directas y demás. O sea, que una vez más, caímos en la trampa de la política mexicana, donde las promesas pasan de largo, mientras ello se llenan los bolsillos.

Pero lo peor se empezó a destapar en plena campaña política, justo en la intermedia, justo cuando más necesitaban los votos.

Primero un candidato a gobernador acusado de violador, al que encubrieron y con cientos de artimañas lo querían dejar pasar.

Luego una candidata liga a una secta mundial de trata de mujeres, con cierta jerarquía para platicar con el líder que estará en prisión de por vida.

Después pasamos al candidato manoseador, que además no sabe mentir y que quedó exhibido en un video.

Y terminamos con un diputado, que se quería reelegir, acusado de por lo menos dos violaciones de niños menores de edad.

Y sí, la situación es crítica para la política mexicana, no hay mucho de donde escoger, no hay muchos en quien confiar. Y tiene razón los que dicen, el PRIAN robaba, pero Morena además de eso, encubre violadores.

¿A qué grado hemos llegado? Ahora resulta que estábamos mejor, cuando estábamos peor.