Todos los días, sea en sus “mañaneras”, sea en sus giras de fin de semana por todo el país, López Obrador le confirma al mundo que es el mayor peligro para México y para los mexicanos.

Y es que todas las mañanas y todos los fines de semana se encarga de ratificar que es el campeón de la estulticia, la arrogancia, la mentira y la impostura –llegó a 22 mil mentiras en sólo 16 meses de gobierno–, y también a diario los hechos muestran que llegó al poder presidencial no para salvar al país sino para destruir a México y empobrecer aún más a los mexicanos.

Y la más reciente exhibición de la estulticia presidencial –y el mayor fracaso de Alfonso Romo, quien por vergüenza debiera renunciar–, es la ilegal y berrinchuda cancelación de la empresa cervecera del grupo inversor Constellation Brand, que ya había iniciado las obras, con una inversión estimada en mil 500 millones de dólares, con la consecuente derrama económica y la creación de miles de empleos.

Lo peor, es que la cancelación de la planta cervecera –en realidad el berrinche autoritario de AMLO–, le costará al gobierno de México –del dinero de todos los contribuyentes–, la friolera de 2 mil millones de dólares, por indemnizaciones y seguros. Así el costo de la estulticia presidencial, que pagaremos todos.

En efecto, la instalación de la empresa cervecera era rechazada por un grupo importante de ciudadanos de Mexicali, la capital de Baja California, quienes con toda razón exigían impedir el impacto ambiental y reclamaban garantías para la preservación del agua.

En síntesis, nada que la política y los políticos profesionales no pudieran conciliar. Sin embargo, voces interesadas –de marcas competidoras–, no sólo engañaron sino que envenenaron los oídos presidenciales, con la consecuente cancelación, por decreto, de la planta.

Y es que en el gobierno federal pueden decir misa y pueden justificar todo lo que quieran que “la gente manda”, pero lo cierto es que la supuesta encuesta no fue más que un grosero decreto presidencial disfrazado de consulta popular. 

En pocas palabras, resulta que el autoritario presidente López y sus incondicionales en los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial, en realidad engañaron de nueva cuenta a todos los mexicanos con el cuento de que “el pueblo manda”, cuando en realidad se trató de una fea manipulación.

Y es que la dizque consulta para saber si “el pueblo bueno y sabio” aceptaba la cervecera que ya se instalaba en Mexicali, apenas movilizó al 3.5 % del padrón de la capital de Baja California.

Sin embargo, la cancelación arbitraria, autoritaria e ilegal de la empresa cervecera manda dos poderosos mensajes; uno fuera y otro dentro de México.

En primer lugar, muestra el fracaso de la política y de los políticos en el actual gobierno federal. Es decir, se confirma que no existe un político, asesor o un experto capaz de conciliar el interés de México a favor de la inversión externa y la política ambiental, con la legítima preocupación de habitantes de Mexicali, la capital de Baja California.

  Pero es más grave el mensaje al mundo, a los inversionistas foráneos. Y es que no sólo es ilegal cancelar por decreto la inversión externa, sino que el mensaje que se manda al exterior es, literalmente, un suicidio político y económico del actual gobierno.

¿Por qué un suicidio?

Porque se le informa al mundo que en México no existe certeza jurídica y que cualquiera que venga a invertir, puede ser echado en cualquier momento a partir de una “chabacana encuesta”—ilegal y sin rigor científico–, ordenada desde el poder presidencial mexicano que, de esa manera, se confirma como una más de las dictaduras “bananeros” del continente.

Pero el problema no termina ahí. Según los contratos de la empresa Constellations y el seguro contratado para la inversión en el Panel Internacional, el gobierno de México deberá pagar poco más de 2 mil millones de dólares por indemnización y daños causados a la empresa; dinero que significa el costo de poco más de 300 aviones presidenciales.

Es decir, las torpezas de López Obrador ya nos han costado, a los ciudadanos de a pie, más de dos “fobaproas”.

¿Es o no el de López Obrador un gobierno más peligroso que la epidemia más mortal de la historia?

Al tiempo.