A 10 meses del inicio de la administración del presidente, Andrés Manuel López Obrador, ha dejado en claro que existe una incompetencia brutal en la tan aclamada, Cuarta Transformación.

Las cifras no mienten, los homicidios se han incrementado en comparación con el sexenio de Peña Nieto.

Sus largos discursos sobre la guerra contra el narco y que no perseguirá a los grandes capos, muestra que la estrategia del “fuchi, fuchi”, no funciona.

Tan solo en estos últimos días hemos vivido la peor crisis de inseguridad en años. Masacres, embolsados, descuartizados, ejecutados y emboscados, es una muestra del terror que nos acecha.

Lo notable es que al presidente no le interesa el tema de seguridad, jamás ha tomado la seriedad que se necesita, debido a que siempre sale bromeando con su ya famosa frase “Abrazos, no balazos”.

Aunado a esto, grupos criminales como el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), Cártel del Golfo, Los Viagras, Cártel del Noreste, La Tropa del Infierno, Los Rojos, Los Zetas, La Familia Michoacana, Cártel de Santa Rosa de Lima, solo por mencionar algunos, han tomado el control del país.

Un día es un bar de Salamanca con 15 muertos, masacre en Minatitlán con 14 ejecutados, ataque al bar Caballo Blanco en Coatzacoalcos, con 25 muertos y las más recientes, una emboscada a policías estatales con 14 elementos abatidos, Iguala en un enfrentamiento entre militares y civiles con 15 ultimados y las aterradoras imágenes de la captura de un hijo de El Chapo, es la vista de un país, impregnado en sangre.

Aunque en sexenios anteriores lanzaron una estrategia para acabar con el narcotráfico, hoy los muertos no pertenecen a Calderón ni a Peña Nieto, hoy son del gobierno actual, pertenecen a la incapacidad para desarrollar una estrategia de seguridad con grandes bases.

Entienda mandatario, no se trata de evadir y darle vuelta a la hoja, se trata del futuro del país.