Por sus características, la forzada renuncia de un Ministro de la Corte –como Eduardo Medina Mora–, debe entenderse como un “golpe de Estado”.

Es decir, “un golpe” salido desde una institución del Estado –como el Poder Ejecutivo–, destinado a debilitar y/o suplantar a otra institución del propio Estado, como el Poder Judicial; diseñado no sólo como garante de la impartición de justicia sino como equilibrio y contrapeso a sus pares del Ejecutivo y Legislativo.

Dicho de otro modo; resulta que desde el Poder Ejecutivo se ordenó investigar, desprestigiar y perseguir al ministro Medina Mora y a su familia, con el objetivo perverso de obligarlo a renunciar y, con ello, conseguir que el presidente Obrador se apodere de manera ilegal del Poder Judicial.  

Pero la gravedad del “golpe de Estado” es mayor si entendemos que se trata de una intromisión diseñada, planeada y ejecutada desde un Poder, como el Ejecutivo, para romper la vidas interna de otro, como el Poder Judicial.

Por eso, no resulta exagerado decir que asistimos a la muerte de un pilar fundamental de la democracia mexicana; la división de poderes, que fue concebida y reformada precisamente para contener los afanes autoritarios y dictatoriales del poderoso presidencialismo mexicano.

¿Y por qué se puede decir que la renuncia del ministro Medina Mora es mucho más que la grosera intromisión del Poder Ejecutivo en la vidas interna del Poder Judicial? La respuesta resulta de párvulos.

Porque son abundantes las evidencias de que el Ministro Medina Mora fue víctima de una persecución planeada, operada y montada para empujar su prematura renuncia.

Y si el gobierno de López Obrador ha sido capaz de montajes como el perverso e ilegal encarcelamiento de Rosario Robles –entre otras venganzas–, , no le costó ningún trabajo sembrar en medios el supuesto enriquecimiento de Medina Mora y los presuntos vínculos con el crimen organizado. 

Sin embargo, y más allá de la guerra mediática que golpea a Medina Mora, hasta hoy no existe una sola prueba de esos presuntos delitos

Y si el instrumento para doblar a Medina Mora fue el descrédito y la persecución familiar –para justificar las acusaciones infundadas en su contra–, el objetivo es lograr que el presidente Obrador meta otro “Ministro carnal” a La Corte , con lo que habrá conseguido los votos para hacer y deshacer en el Máximo Tribunal.

Y por lo pronto, en una cadena de acciones inconstitucionales, el presidente López Obrador ya dio el primer paso para adueñarse de la Suprema Corte, con la venía del presidente de la misma, el Ministro Zaldívar y de no pocos de sus pares.

Primero, en abierta violación al Artículo 98 constitucional, Obrador dio por aceptada la carta-renuncia del Ministro Medina Mora, a pesar de que no se exponen “las causas graves” de dicha renuncia.

Es decir, que el presidente Obrador hizo su personalísima interpretación del 98 constitucional, juzgó a Medinas Mora culpable de quién sabe qué cosa y mandó su renuncia al Senado, en donde deberá ser procesada conforme a la Constitución, a pesar de que en ningún lado aparecen las “causas graves” de la renuncia.

Peor aún, el presidente dijo, la mañana de ayer lunes 7 de octubre, que quienes integrarán las ternas para sustituir la vacante de Medina Mora en La Corte “son muy buenos perfiles, gente honesta que no sean corruptos, profesionales, de acuerdo a los requisitos y con el distintivo de la honestidad”.

Es decir, que el presidente Obrador ya tiene ternas para sustituir a Medina Mora, cuando legalmente el Ministro aún sigue en el cargo. Y es que en tanto el Senado no lleve a cabo el procedimiento de aceptación de la renuncia y en tanto no se analicen “las causas graves” de tal renuncia, Medina Mora sigue siendo Ministro.

Queda claro que López Obrador orquestó un “golpe de Estado” contra la Suprema Corte de Justicia ya que al empujar la renuncia de uno de sus ministros el presidente rompió el esquema diseñado para mantener la independencia del Máximo Tribunal; independencia que hace posible la “división de poderes”, condición para el equilibrio democrático del país.

Y de prosperar el “golpe de Estado” lanzado desde el Ejecutivo, contra el Poder Judicial, López Obrador tendrá una baraja de incondicionales que lo convertirán en un rey.

¿Y dónde están las voces opositoras, los partidos y los políticos que se oponen al “golpe de Estado”? ¿O veremos el triunfo de la complicidad?

Al tiempo.