Es una guerra de todos contra todos.

Una guerra civil que confirma que Morena no es un partido político y tampoco “un movimiento” ideológico, sino un vulgar instrumento para robar, para destruir la democracia y depredar el dinero público.

Una guerra civil que ratifica que el gobierno de López Obrador no significó ni significará cambio alguno, sino que es un grosero “¡quítate tu, para ponerme yo!”; “¡ya robaste tu, ahora robo yo!”.

Una guerra civil que confronta, entre si, a los nuevos ricos, a la nueva “Casta Divina” y a toda la naciente “nueva mafia del poder”, que resultó más podrida, saqueadora y ladrona que aquella “mafia del poder” que prometieron llevar a prisión.

Una guerra civil que sacude y resquebraja las rancias estructuras del joven viejo que es Morena y los pilares de su primer gobierno, el de López Obrador, y que augura el último gobierno del desprestigiado partido.

Una guerra civil que todos los días descubre, a los ojos ciudadanos, que era mentira el milagro que pregonaron por más de 20 años los “lopistas” que hoy detentan el poder.

Una guerra civil que exhibe, de cuerpo entero, que la realidad derriba el discurso que por décadas pregonó AMLO; un discurso mentiroso que nadie respeta, ni el mismísimo presidente, pasando por su más leales, serviles y más fanáticos; quienes hoy hace todo aquello que criticaron como opositores.

Una guerra civil que machaca a diario el carácter autoritario, nada democrático y violatorio de la Constitución, de políticos, legisladores y gobernantes de Morena, empezando por el presidente mismo.

Una guerra civil que lleva a un choque frontal entre el reputado y añoso Porfirio Muñoz Ledo y el servilismo mafioso del desprestigiado Mario Delgado, el más abyecto de los sirvientes presidenciales

Guerra civil que eleva casi a la calidad de héroe a Muñoz Ledo, quien se descubre como el político y legislador “morenista” más congruente, demócrata y más respetuoso de las leyes y de la Constitución y de los pocos que son capaces de plantarse frente a López para exigir que no se meta con el INE.

Y es que resulta tal el sometimiento de los diputados de Morena a los deseos presidenciales, es tal el tamaño de los lacayos, que la congruencia elemental de Muñoz Ledo –congruencia constitucional, democrática y legal–, parecen una joya venida de otra galaxia.

Guerra civil que llevó a Muñoz Ledo a denunciar de manera pública lo que todos saben; que la CNDH es un “bodrio” mal formado y fajado que no sirve más que para simular y para los intereses del presidente.

Guerra que ya enfrentó a muchos diputados de Morena con Muñoz Ledo, quien parece ser el único enterado del peligro que representa tener a un locuaz, sin principios, sin moral y sin recato, en el poder presidencial.

Guerra civil exhibida por el denigrante espectáculo de un presidente que viaja a Puebla para sus “baños de pueblo”, pero que deja al gobernador Barbosa con la diestra tendida; arrogancia de un dictadorzuelo de pueblo.

¿Qué sapos y serpientes se tragó Barbosa, para que el rey de Palacio se haya negado al saludo y la cortesía elementales? Pocos lo saben, pero muchos vieron el desprecio y la indiferencia presidencial a un gobernador que, en el fondo, cultiva lo sembrado; el desprecio a los lacayos y lambiscones.

Guerra civil que muestra a un locuaz y “descocado” John Ackerman, en abierta pelea con Ricardo Monreal, el eterno aspirante presidencial del PRI, del PRD y ahora de Morena, quien es capaz de cualquier contorsión política con tal de lograr sus objetivos.

¿Y por qué es la guerra de Ackerman contra Monreal?

De párvulos, porque el jefe de los senadores de Morena siembra semillas de futuro con Carlos Loret, al que entrega sutiles confesiones que envilecen a Morena y al gobierno de López. Por eso la furia de “Juanito”, quien pide quemar en leña verde a Monreal.

Y es que Ricardo Monreal ya empezó el proceso de deslinde de las locuras de López Obrador y el escape de sus más leales, porque sabe que la guerra civil de Morena lo arrastrarán junto con las ratas y las alimañas.

Guerra civil que deja ver a los jefes de Morena, como Alfonso Ramírez Cuéllar y a Citlalli Ibáñez –alias Yeidckol–, en memorable pelea por descubrir quien de los dos es más ratero, más servil y más abyecto.

Guerra civil que exhibe, al ojo público, a los desertores del paraíso que nunca fue Morena; desertores que salen desencantados, que renuncian al “huesito” y que –en no pocos casos–, revelan el infierno que vivieron, en una suerte de exorcismo de esa pesadilla llamada Morena y gobierno de AMLO.

¿Hasta dónde llegará la guerra civil en Morena y en el gobierno de AMLO, antes de que todo el teatro de maldad, corrupción, impunidad y podredumbre se desmorone?

El gobierno de AMLO no llegará al final del sexenio.

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