Leí un comentario en Facebook de una usuaria que decía: “si quieres cuidar tu salud mental y evitar corajes, no leas las cajas de comentarios de los casos de feminicidio”. Y tiene toda la razón, no puedo creer que haya gente que revictimice a una mujer que ha sido víctima de las peores atrocidades.

En esta columna tocamos los crimines de un país sin leyes, y es importante retomar el caso de Ingrid Escamilla, la joven de 25 años, la mujer sonriente, la profesionista con una maestría de la BUAP y la ciudadana a la que las autoridades no protegieron.

Me parece increíble que en un país en el que ocurren 10 feminicidios al día, no tenga ni un poco de empatía por las victimas de la violencia, y es atroz que a su mandatario le interese más la rifa de un avión que la vida de las mujeres del país que dirige.

Las opiniones sobre el feminicidio de Ingrid son de indignación, pero no faltó el comentario estúpido, disculpen la palabra, de hombres y mujeres misóginas que acusaron a la joven por su asesinato.

“Qué hacía una mujer tan bonita y joven con un hombre así”, “Eso les pasa por querer una vida fácil”, “Lo pudo evitar, pero le gustaba la mala vida, la ‘vida fácil’ y ella también lo atacó”. ¿Es en serio? ¿Ella tuvo la culpa de que la asesinaran y desollaran? este tipo de comentarios son inadmisibles.

Ingrid era una joven trabajadora que se trasladaba desde Vallejo, alcaldía Gustavo A. Madero, hasta Polanco para laborar. Una persona con sueños, derechos y merece respeto.

¿Quieren un verdadero culpable? Comencemos con las autoridades que no supieron brindarle seguridad y apoyo cuando denunció a su pareja hace siete meses.

El segundo culpable es el estado y una sociedad machista que ve como un chiste la lucha de miles de mujeres que pelea para que estos casos no sigan ocurriendo.

Y por su supuesto, toda la responsabilidad es de un hombre enfermo, mal educado y con problemas de adicción que atentó de la forma más aberrante contra la vida de Ingrid.

Los feminicidios se incrementaron un 111%, 6 de cada 10 mujeres han sido violentadas y el feminicidio es el final de una serie de atentados contra la vida de las mujeres.

Vivimos en un país donde es un crimen ser mujer, donde es ‘inamisible’ que luchemos por nuestra seguridad y es mal visto que exijamos una vida digna con cero tolerancia a la violencia.

Que no se olvide el nombre de Ingrid, que se sigan escuchando los gritos de justicia por ella y por los cientos de casos de feminicidio. La culpa no es de las mujeres, el verdadero responsable es la sociedad misógina y si nosotros no tenemos paz, nadie la tendrá en este México del crimen.