El cuento del golpe de Estado es un recurso viejo y mentiroso que desde hace 23 años utilizó López Obrador para negociar con el gobierno de Ernesto Zedillo. 

En efecto, se equivocan quienes creen que es novedoso el espantajo del “golpe de Estado” que inventó Obrador el pasado fin de semana.

Lo nuevo, en todo caso, es que hoy sabemos que López uso el supuesto “golpe de Estado” en repetidas ocasiones y con destinatarios diversos, según sea el caso, pero siempre con el mismo objetivo; engañar idiotas y conseguir una renta político electoral.

Incluso, la primera ocasión en que López Obrador se valió del sambenito del “golpe de Estado”, fue para establecer una alianza –entonces inconfesable –, con el gobierno de Ernesto Zedillo, lo que al mismo tiempo significó la primera gran traición a sus  padres políticos; Cuauhtémoc Cárdenas y Heberto Castillo.

Era junio de 1996 y en el poder presidencial estaba Ernesto Zedillo, a cuyo gobierno fustigaban con severidad los líderes más visibles de la llamada izquierda mexicana; Cárdenas, Castillo y Obrador, quienes habían exigido la renuncia de Zedillo y crear “un gobierno de salvación nacional”.

Se aproximaba el relevo en la presidencia del PRD y, al mismo tiempo, estaban en puerta las elecciones intermedias, las de 1997, que renovarían la Cámara de Diputados y, por primera ocasión, el gobierno del Distrito Federal.

En ese clima de confrontación entre el gobierno priísta de Zedillo y los líderes de las llamadas izquierdas, llamó la atención que en un mitin celebrado en Misantla, Veracruz, el entonces líder social y aspirante a la dirigencia del PRD, López Obrador, reveló un supuesto golpe de Estado que, según él, se preparaba contra el gobierno de Zedillo.

Así lo dijo el domingo 2 de junio, en la plaza pública de Misantla: “Está en marcha un proyecto para deponer al presidente Ernesto Zedillo, inspirado y promovido desde el extranjero y vinculado a grupos políticos y económicos que traicionan al régimen para apoderarse de las riquezas del país, esencialmente los yacimientos petroleros”.

La revelación era parte de un documento titulado “La defensa de las instituciones y rechazo a la renuncia presidencial”, en el que además Obrador decía que “existen elementos para pensar que grupos políticos y económicos están fraguando un golpe de Estado contra el gobierno de Zedillo”. 

El llamado de AMLO no mereció más que notas menores en la prensa nacional del lunes 3 de junio de ese 1996. Sin embargo, el diario La Jornada lo llevó a su titular, como nota principal.

Y es que, en el fondo, con el cuento del golpe de Estado contra Zedillo, López Obrador inició una alianza que lo hizo jefe nacional del PRD y luego candidato al gobierno del entonces DF. Claro, en abierta traición a Cuauhtémoc Cárdenas y a Heberto Castillo.

El enojo fue tal que, incluso, en su colaboración para el semanario Proceso, del domingo 10 de junio de 2016, titulado “Lombardismo en el PRD”, Heberto Castillo escribió una severa crítica a Obrador: “Sorprenden los bandazos del candidato a la presidencia del PRD, Andrés Manuel López Obrador. De una posición intransigente que demandaba la creación de un gobierno de salvación nacional, mediante la renuncia de Zedillo, se ha pasado a la posición “lombardista” de apoyar al gobierno si éste orienta su rumbo, según las indicaciones del partido opositor”.

Pero no fue todo. Heberto fue más allá: Dijo que Obrador “no propone una salida constitucional a la crisis, sino una rectificación de Zedillo a su política neoliberal; no entiende que Zedillo aplica la política neoliberal porque cree en ella”.

En la práctica AMLO se alió con el presidente más neoliberal de los neoliberales del PRI; Ernesto Zedillo, quien lo hizo jefe del PRD y luego jefe de gobierno del DF, de manera ilegal.

Y todo, claro, mediante el cuento del “golpe de Estado”.

¿Qué busca hoy López Obrador con la reedición del espantajo del “golpe de Estado?

Si no se han dado cuenta, Obrador de nuevo está construyendo un “chivo expiatorio”; un factótum al que culpará de todos los males y de todos los fracasos de su gobierno. Así, en las redes aliadas de AMLO pronto veremos la retórica de que los fracasos en economía, empleo, inseguridad, en la violencia sin freno y, sobre todo, el fracaso en Culiacán, se deben a quienes pretenden un golpe de Estado.

Lo cierto es que el único “golpe de Estado” es el que propina López Obrador a su administración; ahogada por la ingobernabilidad y la ineficacia de sus colaboradores; gestión fallida que quedará como la peor de la historia.

Al tiempo.