El covid-19 es el virus mortal que ha acabado con vidas en todo el mundo y que mantiene a raya a los humanos en sus hogares, incluso posterga festividades muy esperadas.

Eso ocurrió con una de mis tías abuelas que celebraría su cumpleaños número 90 y que por la pandemia lo tuvo que posponer.

Me impresionó como con lucidez y firmeza recordó que en México ya había ocurrido un suceso epidemiológico similar y lo superaron, así que como en esa ocasión, “esto muy pronto pasaría”.

Ella se refería a la epidemia de poliomielitis que sacudió a México en 1946. Se registraron cerca de 248 casos y en ese entonces la enfermedad podía ser mortal

Por supuesto que una epidemia es muy diferente a una pandemia, ya que la última es global y su propagación es más rápida.

Curiosamente los mexicanos se han tenido que enfrentar a enfermedades exportadas desde la conquista, como ocurrió con la viruela. Y en todos los casos sucedieron por culpa de personas insensatas y sin humanidad.

En esta ocasión el covid-19 fue traído por ciudadanos irresponsables que venían de países con brotes avanzados y sin un poco de tacto o conciencia, siguieron sus actividades cotidianas en vez de ponerse en cuarentena.

Su imprudencia o ignorancia hicieron que hasta el corte del martes 24 de marzo haya 405 casos de covid-19 en México, de los cuales tres sean niños. Y claro la falta de medidas de seguridad por parte del gobierno, no ayudó mucho a evitar la propagación.

Lo que es cierto es que la economía y vida de México no es apta para una cuarentena. Ya que hay trabajadores que, si interrumpen sus actividades, simplemente no comen.

Suena cruel, pero es la realidad; acabar con el papel higiénico y los comestibles de los supermercados es el lujo de algunos sectores. Mientras que los más vulnerables van al día o esperan a la quincena para realizar sus compras.

Mientras unos no saben que verán en Netflix, otros están con la incertidumbre si lograrán llegar a fin de mes con su salario; hasta en las cuarentenas hay una desigualdad social angustiosa.

Ahora solo queda esperar las fases de un virus que muestra la decadencia social, pero también la benignidad de los humanos. Observaremos atentos de cómo va reaccionado este país de destemple y crimen.