La perspectiva de género es un lente útil que forma parte de la educación para la paz y los derechos humanos; la importancia de trabajar con ella radica en que ésta posibilita tanto la construcción de nuevas realidades de la vida cotidiana de las personas, como en la generación de nuevos consensos para la convivencia solidaria e igualitaria, tanto en los espacios privados como en los públicos.

La perspectiva de género en la Ley General para la Igualdad entre Mujeres y Hombres, hace referencia a los “…mecanismos que permiten identificar, cuestionar y valorar la discriminación, [la] desigualdad y [la] exclusión de las mujeres… así como las acciones que deben emprenderse para… crear las condiciones… que permitan avanzar en la construcción de la igualdad de género”.

Para Marcela Lagarde (2007) la perspectiva de género “es una voluntad política para transformar el orden de los géneros… [que] implica [construir] alternativas no opresivas de género”.

Entonces, las desigualdades entre los sexos no se podrán comprender si no se toman en cuenta los supuestos sociales que han impedido la igualdad entre las personas. Es decir, la constante división de lo femenino al ámbito privado y lo masculino al público; que consecuentemente, ha adjudicado a las mujeres la responsabilidad del trabajo doméstico, considerada socialmente como una labor inferior. 

Asimismo, otras situaciones de desigualdad que surgen para las mujeres es el abandono del mercado laboral en ciertas etapas de la vida, la realización de dobles o triples jornadas laborales al día, la insuficiente formación profesional, la internalización de un modelo único de feminidad, entre muchas otras.

Por tal motivo, se requiere una perspectiva de análisis que explique la existencia, la persistencia y la perpetuación de las desigualdades entre hombres y mujeres.

De modo que, al hablar de perspectiva de género se hace alusión a una herramienta conceptual que busca evidenciar las diferencias entre mujeres y hombres construidas culturalmente. Por ejemplo, se cuestiona las relaciones que se establecen entre los géneros, las ideas, las representaciones o los roles y los estereotipos tradicionales con los que son educadas las personas.

Así que, al analizar alguna situación bajo esta perspectiva permitirá, por un lado, la transformación de las relaciones que se establecen entre las personas en los distintos ámbitos de su vida; y por el otro, abrir la búsqueda de distintas vías que equilibren las desigualdades entre las mujeres y los hombres.

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Pues, la apuesta de la perspectiva de género en educación es la elaboración de nuevos contenidos y herramientas que propicien una socialización simétrica entre las personas, mediante acciones que propone el INMUJERES (2007):

1) Redistribución equitativa de las actividades entre los sexos (en las esferas de lo público y privado).

2) Justa valoración de los distintos trabajos que realizan mujeres y hombres… referentes a la crianza de las hijas e hijos, el cuidado de los enfermos y las tareas domésticas.

3) Modificación de las estructuras sociales, los mecanismos, las reglas, prácticas y valores que reproducen la desigualdad.

4) El fortalecimiento del poder de gestión y decisión de las mujeres.

El Marco conceptual (2007) educativo de la CDHDF, señala que la perspectiva de género es una herramienta de análisis revolucionaria, ya que implica el trabajo para la paz y los derechos humanos.

En otras palabras, permite la modificación de la convivencia entre mujeres y hombres, posibilitando la generación de relaciones sin jerarquías ni dominación, trastocando entonces, el orden social, cultural patriarcal; que permite abatir las estructuras y las relaciones jerárquicas, al construir espacios que acojan a la diversidad humana.

Para trabajar con esta perspectiva, la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal (CDHDF), propone tres ejes de análisis: 

1) Visualizar la construcción del sistema sexo-género.

2) Analiza el uso y la división de los espacios.

3) Identificar las dinámicas de la opresión.

De modo que, la perspectiva de género como herramienta en el ámbito educativo, así como en otros espacios, ayudará a develar distintas prácticas discriminatorias, de exclusión y de violencia ejercidas hacia las personas en distintos espacios de socialización como la familia, la escuela, la comunidad, los medios de comunicación, entre otros; por razón de su género, sexo, clase social, condición de salud, apariencia física, origen étnico, preferencias sexuales, edad, etcétera.