El 10 de enero de 1997, en la primera plana del diario Excélsior, se publicó un articulo de Gastón García Cantú, titulado “Ni optimismo ni pesimismo: democracia, obra de la crítica”.

En el texto, el reputado articulista hacía referencia a la beligerancia del discurso presidencial y del poder, contra los críticos y la crítica.

Por eso, en el citado artículo, García Cantú acuñó un clásico de la libertad de expresión en México.

Escribió: “Un presidente mexicano, por el poder de que dispone, al censurar personas o acciones, condena. Y la condena, en nuestro sistema, termina en persecución”.

Luego recomendó: “Los discursos presidenciales contra la crítica deben revisarse por salud moral”.

Y vale el ejercicio memorioso porque hoy, sean jueces, legisladores, empresarios, ministros, políticos y, sobre todo periodistas, saben que cuando López Obrador acusa, señala, condena o insulta; la acusación, el señalamiento, la condena o el insulto presidenciales se convierten en una orden que acatan sin chistar los serviles empleados del poder presidencial.

Así, todas las mañanas, el presidente mexicano asume el papel de “papá de los mexicanos” quien antes de salir a buscar el sustento para la prole se da tiempo para el regaño del día, la sanción a “los mal portados”, la reprimenda verbal y, sobre todo, se da tiempo para  aplica la “represión ejemplar”.

Por eso, desde el inicio de su gobierno, López Obrador impuso su peculiar estilo de “represión ejemplar” cuando recorría el país con “la fusta desenvainada” para reprimir a gobernadores y opositores locales mediante abucheos y silbatinas que pretendían someterlos; reprimenda organizada por el brazo represor del gobierno, llamado Morena.

¿Y cual era el mensaje detrás de esa “represión ejemplar”?

“¡Eso le pasará a quienes no se sometan!” 

Luego, la “represión ejemplar” de AMLO siguió contra los periodistas. Desde los tiempos de campaña y luego en sus mensajes mañanero lanzó invectivas contra sus críticos, a los que difamó, calumnió y persiguió. El mensaje era el mismo y debía ser entendido por los dueños de los medios privados, quienes obedientes. despedían y siguen despidiendo “al pecador señalado”. No fueron pocos los empresarios y periodistas que se doblaron.

El mensaje fue idéntico; “¡eso le pasará a quien  no se someta!” 

Después tocó el turno de la “represión ejemplar” a políticos, como Rosario Robles, llevada a prisión gracias a una monstruosa arbitrariedad legal. Luego de esa “represión ejemplar” se “doblaron” diputados, senadores y hasta gobernadores; todos ellos sabedores de que el mensaje de la represión contra Rosario Robles era el clásico “escucha Juan, para que entiendas Pedro”.

La “represión ejemplar” siguió contra empresarios, ex funcionarios y abogados reputados como Alonso Ancira, Emilio Lozoya, Carlos Ahumada, Juan Collado y Diego Fernández de Cevallos, entre otros.

Luego esa “represión ejemplar” avanzó contra integrantes de órganos autónomos y fue obligado a renunciar Guillermo García Alcocer, presidente de la Comisión Reguladora de Energía, mientras que otro, como Luis González Pérez, prefirió declinar a la reelección en la CNDH.

Todo ello mientras se toleran y solapan –entre risotadas–, “travesuras” y “pillerías” de los hijos pródigos de López Obrador, como Manuel Bartlett, Irma Eréndira Sandoval, John Ackerman y los reprobados gobernadores de Veracruz, Morelos, Puebla y Ciudad de México; Cuitláhuac García, Cuauhtémoc Blanco, Miguel Barbosa y Claudia Sheinbaum, respectivamente.

Pero no ha terminado la “represión ejemplar”. Apenas en los primeros días de octubre se preparó otro escandaloso montaje para tirar de su cargo al Ministro Eduardo Medina Mora. Sin pudor y violando la Constitución, el presidente Obrador dio un “golpe de Estado” contra la Suprema Corte. La “represión ejemplar” fue un mensaje lapidario a los ministros del Máximo Tribunal. “¡será derribado el que se interponga al deseo presidencial!”.

Tampoco fue todo. Luego vino la ilegal suspensión del Juez Federal, Jorge Arturo Camero, dizque por presunto enriquecimiento ilícito. El citado Juez era uno de los pocos que admitió amparos contra el aeropuerto de Santa Lucía. Pero eso no es todo; hay mucho más detrás de la purga contra el Juez Camero. ¿Por qué?

Porque Jorge Arturo Camero es el presidente de la Asociación de Magistrados y Jueces de Distrito del Poder Judicial de la Federación; el único contrapeso que le queda a la Corte. Por eso lo echaron de manera ilegal.

¿Así o más claro la persecución oficial, dictatorial, del presidente López Obrador? 

Tenía razón Gastón García Cantú; “la condena de un presidente termina en persecución”.

¿Hasta cuándo? 

Al tiempo.