La falta de un miembro de la familia se ha vuelto en México algo común, ya sea por desaparición o por secuestro, entre otros delitos.  Diariamente aparecen en los medios de comunicación notas sobre asesinatos y masacres, que poco a poco se van convirtiendo en cifras; pero también en indolencia y finalmente tiende a naturalizarse, al igual que nos dicen de la diabetes, uno de los factores de riesgo de morir asesinado o ser desaparecido, es ser mexicano. 

 Las noticias desbordan los diarios en su forma tradicional impresa, tanto como en su forma digital a través de las redes sociales, pero también, se desbordan las fosas clandestinas; México se ha ido convirtiendo en una gran fosa clandestina. 

Los números de tan grandes, tienden a diluir las historias, se vuelven intrascendentes, se suman unas a otras y la percepción es alimentada por el prejuicio y se justifica velando la acción del victimario culpando a la víctima.  Todo ésto, se convierte en entramado lingüístico grotesco, que poco a poco va justificando la violencia hasta convertirla en natural. 

La percepción en la sociedad, al igual que un programa de serial killers, donde lo que se logra ver es una versión parcial, casi novelada de las historias, dando realce a la idea de la anomia social o la enfermedad mental de los victimarios.  Esto genera una sensación de miedo, hacia algo que no se conoce del todo y que está latente ya que “a cualquiera le puede pasar”. 

Nos olvidamos de que toda esta violencia, está dentro de un entramado social, que resquebraja el tejido social; percibimos que si nos encerramos o tratamos hacer medidas defensivas individuales, disfrutaremos de nuestra sensación de seguridad, sin atisbar que las medidas que se puedan tomar desde la sociedad en general traen un mejor resultado. 

Así lo han entendido las y los activistas, porque ellas y ellos, tratan todos los días que el desaparecido, el asesinado, la víctima de feminicidio o de violación no se conviertan en cifras frías, rescatando su historia pero no sólo la de su tragedia, también de su humanidad: gustos, pensamientos, ideas, sueños, proyectos. 

Han entendido los familiares de las víctimas, que agrupándose, pueden levantar más fuerte la voz; organizándose para buscar a sus desaparecidos en fosas clandestinas o en cualquier lugar o para exigir justicia frente a las instituciones de gobierno, de otro manera, no se escucha la exigencia de justicia.

 De esta manera, ellas y ellos lo han entendido, pero, creemos que todas y todos, sin ser víctimas ni familiares de alguna víctima de una desgracia, debemos seguir combatiendo desde nuestro ámbito; organizándonos, tejiendo redes de ayuda e información, exigiendo a nuestras autoridades que haya justicia, que no se le olvide que es su responsabilidad la seguridad de la gente. 

No permitamos que se siga naturalizando la violencia, no dejemos que las historias de todas las personas que han sufrido violencia en este país se olviden.

¡¡NI PERDÓN NI OLVIDO!!

¡¡HASTA QUE LA DIGNIDAD DE HAGA COSTUMBRE!!

DulGa, somos mucho más que dos.

Dulce María Vázquez Domínguez Y Gabriel J. Marbán

Colectiva Invisibles Somos Visibles

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