México. El reciente caso de dos indigentes que perdieron la vida al ser calcinados el pasado lunes ocho de julio, ha consternado a la opinión pública. Las autoridades se han pronunciado en contra de tan «infame» delito, y esto se debe al revuelo armado en redes sociales.

Sin embargo, los crímenes contra indigentes no es un tema novedoso en la ciudad, más bien la cosa es que ahora alguien más estaba ahí y decidió hacer una denuncia.

La llamada «limpieza social» es un crímen que nadie se atreve a juzgar, nadie reclama ni se preocupa por la muerte de un indigente, porque finalmente no es más que la «basura de la sociedad».

Aproximadamente más de tres mil personas en condición de calle han fallecido en los últimos diez años, las causas casi siempre las mismas: enfermedades, consumo excesivo de drogas, accidentes de tránsito, homicidio, hambre y negación de los servicios de salud.

Un ejemplo son los casos de la joven originaria de Toluca, que a sus veinte años murió de neumonía en la Venustiano Carranza, del hombre encontrado en la colonia Obrera muerto por una congestión alcohólica, ambos hallados el 19 de marzo.

De muchas muertes no se sabe jamás pues no llegan a ser reportadas, algunos quedan en lugares que nadie transita y se descomponen antes de que alguien se de cuenta. Según la Organización Mundial de la Salud, dichas causas son prevenibles y evitables, pero las autoridades no han hecho el esfuerzo de actuar.

La mayoría de las personas que viven en las calles se refugian en respiraderos del metro, en locales abandonados, en jardineras y muy pocos en albergues. Quienes mueren son llevados a la fosa común, sin derecho a una autopsia por falta de documentación.

Los casos reportados en lo que va del año han sido en su mayoría atropellados por «vehículos fantasma» que se dan a la fuga y nunca son localizados. Como el hombre encontrado en la central de abastos el 28 de junio, o el de la colonia Tacubaya en febrero, ambos arrollados.

Sin importar que se inicien investigaciones, los culpables no son hallados, como si no hubieran sido captados por cámaras de seguridad.

 

Por más que las autoridades tachen de «reprobable» el asesinato de indigentes, no existen políticas de lucha por sus derechos. Más bien algunos colectivos independientes o asociaciones civiles realizan campañas en su favor.

Tal es el caso del colectivo El Caracol, que durante seis años ha realizado una campaña de búsqueda y localización de indigentes, que no cuentan con documentos y han fallecido en las calles de la Ciudad de México.

Las personas en situación de calle tienen un promedio de vida de entre 30 y 40 años, la «limpieza social» parece ser un camino para acelerar el proceso.

FF