En el  Código Penal Federal, el feminicidio está tipificado en el artículo 325, en el  que para catalogarlo como tal, debe de cumplir con alguna de las siguientes características; imponiendo un castigo de cuarenta a sesenta años de prisión y de quinientos a mil días de multa.  

“I. La víctima presente signos de violencia sexual de cualquier tipo; 

  1. A la víctima se le hayan infligido lesiones o mutilaciones infamantes o degradantes, previas o posteriores a la privación de la vida o actos de necrofilia; 

III. Existan antecedentes o datos de cualquier tipo de violencia en el ámbito familiar, laboral o escolar, del sujeto activo en contra de la víctima;

  1. Haya existido entre el activo y la víctima una relación sentimental, afectiva o de confianza; 
  2. Existan datos que establezcan que hubo amenazas relacionadas con el hecho delictuoso, acoso o lesiones del sujeto activo en contra de la víctima;
  3. La víctima haya sido incomunicada, cualquiera que sea el tiempo previo a la privación de la vida; 

VII. El cuerpo de la víctima sea expuesto o exhibido en un lugar público.” 

   Este 30 de julio del presente año el Congreso de la Ciudad de México aprobó, con 50 votos a favor, ninguno en contra y cero abstenciones; reformas al Código Penal, aumentando el castigo del delito de feminicidio de 35 a 70 años de prisión.  

   Tomando en consideración que en los primeros 8 meses del 2018, se registraron 28 carpetas de investigación por feminicidio en la Ciudad de México.  Este delito se ha incrementado drásticamente; según cifras de Letra Roja hasta el 3 de agosto en la Ciudad de México han ocurrido 57 feminicidios. 

  Sabemos, que el hecho de que se aumenten las penas, no garantiza que los delitos disminuyan.  Creemos que el problema no está totalmente restringido a la cuestión legal; sino que hay muchas otras aristas, pues es un problema estructural, pues la violencia feminicida está inmersa en muchas manifestaciones culturales. 

   Según el artículo 21 de la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia; nos dice que la “Violencia Feminicida: Es la forma extrema de violencia de género contra las mujeres, producto de la violación de sus derechos humanos, en los ámbitos público y privado, conformada por el conjunto de conductas misóginas que pueden conllevar impunidad social y del Estado y puede culminar en homicidio y otras formas de muerte violenta de mujeres.”

   Existen formas evidentes de la violencia feminicida tales como la agresión física, la violación y el feminicidio.  Sin embargo, hay conductas y actitudes misóginas, inmersas en toda la sociedad; parecieran incluso invisibles. Estás formas de misoginia, son las que van gestando, a través, de discursos y silencios la violencia feminicida.  

   El aumento de penas, sólo atiende un cierto aspecto de la violencia feminicida; ante el reclamo de los familiares de las víctimas y la exigencia de muchas organizaciones feministas.   Empero, creemos, que se necesita más que el aumento de penas para combatir esta gran problemática. Es necesario, políticas públicas que permitan la transversalización con perspectiva de género, en varios aspectos, desde la educación básica; hasta la aplicación de la justicia con perspectiva de género.  Pero sobre todo, la eliminación de la corrupción y los vicios legaloides en todas las instituciones de impartición de justicia.

   Otra de las cuentas pendientes, es la declaración de la Alerta de Violencia de Género en la Ciudad de México, rechazada nuevamente este junio, por las autoridades.  Soslayando, la misma violencia feminicida y todo el trabajo de mujeres y organizaciones, desde la cuestión académica, hasta el activismo alrededor de estos temas.  

¡¡POR LA VERDAD Y LA JUSTICIA!!

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¡¡NI UNA MENOS!! ¡¡NI UNA MÁS!!

¡¡NO MÁS FEMINICIDIOS!!

  

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