El pasado lunes 29 de abril, cerca de las cinco de la tarde, en redes sociales reportaban que una joven había muerto dentro de las instalaciones del Colegio de Ciencias y Humanidades (CCH) Oriente.

Mensajes amenazantes y versiones falsas empezaron a alarmar a la comunidad estudiantil. Un par de horas después, autoridades confirmaron que se trataba de Aideé Mendoza Jerónimo, murió en un aula del segundo piso del edificio P. Bastaron solo unos instantes para que una bala 9 mm le arrebatara sus sueños, sus metas y su vida a una joven de 18 años.

Mucha gente se cuestionó el ¿Cómo era Aideé? Jamás he entendido el por qué normalizamos de esta manera la violencia. Catalogamos la forma de vestir y la personalidad, por lo que le pasó.

Desgraciadamente es la sexta mujer asesinada en dos años en instalaciones de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Este caso se suma al de Jenifer, Miranda, Graciela, Sol y Lesvy, que aunque han pasado los meses, sus familiares siguen sin obtener justicia.

Los alumnos se han convertido en víctimas de asaltos, levantones, ejecuciones y narcomenudeo. Es momento de exigir mayor seguridad dentro y fuera de los planteles, hay que crear conciencia de la ola de violencia que acecha al país.

¿Cuántas muertes tienen que pasar para que la institución haga algo?

Lo peor de todo esto es el cinismo del presidente, Andrés Manuel López Obrador, como se atreve a afirmar que los homicidios se redujeron 21,25%.

¡No Señor! Estamos hablando que a cinco meses de su administración, 2019 se ha convertido en uno de los años más sangrientos de la historia. Cheque bien sus datos.