¿Por qué un grupo criminal atenta contra el jefe de la policía de la capital del país, asiento de los poderes federales?

¿Es la declaratoria de guerra de un grupo criminal contra los gobiernos de Morena; el Federal y el de CDMX?

¿Cuál es el mensaje que pretende enviar ese grupo criminal, a los ciudadanos, al gobierno de la capital y al propio presidente López Obrador?

¿Existe alguna deuda de autoridad alguna con las bandas criminales o, como algunos especulan, sólo asistimos a una venganza? 

¿Por qué un atentado de alto impacto, como el de Omar García Harfuch en la ciudad de México, en la exclusiva zona de Lomas de Chapultepec, asiento de importantes embajadas y en donde vive el México acomodado?

¿Por qué no esperar el momento y la oportunidad en una región apartada del país, ajena del ojo de miles de cámaras que vigilan la ciudad y en especial, en una zona exclusiva como Chapultepec?

¿O no sabían los autores intelectuales y materiales del atentado que la Ciudad de México es la más vigilada de todo el país?

¿O será que asistimos a un nuevo montaje armado por un gobierno que, como pocos, recurre cotidianamente al engaño, la mentira y la impostura?

Frente a las dudas, resulta urgente que el gobierno de la capital y el mismo gobierno federal respondan a las anteriores y a otras interrogantes que plantea un atentado de fuerte tufo terrorista y que, en el extremo, asoma elemento de características circenses.

1.- Queda claro, por el modus operandi y por el lugar seleccionado para el atentado, que los autores intelectuales del mismo buscaban mandar un mensaje de miedo y terror a los ciudadanos y a los poderes asentados en la capital, más que una mera venganza.

2.- Es evidente que el objetivo seleccionado –el jefe de la policía de la ciudad más importante del país–, forma parte del mensaje de fuerza, de negociación y poder de fuego, que lanzan los grupos criminales que están detrás del ataque al más alto mando policiaco de la CDMX.     

3.- Y es que son muchas las evidencias de que el mensaje detrás del atentado va mucho más allá de una vulgar venganza o de la mera eliminación de un obstáculo para la operación eficiente de los negocios del crimen.

¿Por qué?

Porque un atentado que sólo busca un objetivo letal, no se realiza a los ojos de decenas de cámaras, en una zona de vigilancia extrema y, sobre todo, no se le encarga a sicarios poco o nada profesionales.

En el fondo se aprecia la intención sólo de avisar que se ha instaurado un poder paralelo, fáctico, que disputa el poder al gobierno legal y legítimo y que quiere su lugar en el reparto del pastel de corrupción que son los gobiernos de Morena.

4.- Y es que si el gobierno federal es capaz de negociar con bandas como la de “El Chapo” –y el gobierno de la CDMX tiene vínculos con ese mismo grupo criminal y hasta brinda impunidad para la fuga de sus aliados en cárceles capitalinas–, entonces el grupo mafioso del CJNG parece forzar las cosas para que los gobiernos de CDMX y el federal acepten su hegemonía en la capital del país, a cambio de una “pax narca”.

5.- Sólo así se explica la osadía de un grupo criminal que manda expertos a matar jueces y a eliminar a otros competidores y que, en su golpe que debió ser el más espectacular, no logra su objetivo mortal.

6.- Y, claro, además de la hipótesis del fallido mensaje de fuerza, se localiza la posibilidad extrema; que estemos siendo testigos de otro teatro montado por un gobierno que gusta del engaño, la mentira y la impostura.

Como quiera que sea, se logró el objetivo del miedo; del terror. Y es que, a querer o no, se trata de un evento terrorista, planeado y ejecutado con la intención de provocar miedo, en una zona emblemática y con un objetivo que representa justamente la ley; como el jefe de la policía de la ciudad capital.       

  Y es que desde 1971 –hace casi 50 años–, cuando la guerrilla de Genaro Vázquez asaltó un banco y disparó contra el jefe de la policía del entonces Distrito Federal, la capital del país no había sido escenario de un atentado contra un jefe policiaco.

Se han producido, eso sí, crímenes de naturaleza política, como el asesinato de Manuel Buendía –30 de mayo de 1984–, o de José Francisco Ruiz Massieu –28 de septiembre de 1994–, pero no había existido en medio siglo un ataque directo de las bandas criminales contra la policía.

Peor aún, en gobiernos como los de Marcelo Ebrard y Miguel Mancera, siempre se negó la existencia de cárteles de la droga en la Ciudad de México, a pesar de que en la gestión de López Obrador, en el Distrito Federal, se instalaron en la capital del país los primeros grupos mafiosos de la droga, de la mano de René Bejarano y Dolores Padierna.

Hoy, un grupo criminal que gana terreno en todo el país y en el mundo, nos avisa que ya está en la Ciudad de México y que es capaz de todo. ¿Hasta cuando reaccionará el gobierno de López Obrador? ¿Reaccionará a tiempo?

Al tiempo.