Esto de las balaceras, embolsados y ejecutados en el país se está volviendo algo cotidiano. Tan cotidiano como ver un asalto en un camión de transporte público, como una denuncia sexual o como un baleado en la CDMX.

Lo peor, es que se está volviendo cotidiano matar a la mujeres, lo cruel es que los feminicidios cometidos en México con el día a día son más brutales, más demoniacos.

Y sí, lo peor es que se vuelva algo cotidiano. Que ya no nos sorprenda ver una mujer asesinada, que no nos indigne leer una nota sobre una embolsada, una ejecutada o una mujer torturada.

He leído varios comentarios en redes sociales en donde aseguran «que ellas se lo buscan». Para mí no es suficiente cometer un delito para que expongan tu cadáver de tal manera que sea humillante.

He perdido la cuenta de cuántas notas he realizado sobre el hallazgo de cadáveres de mujeres asesinadas, ejecutadas, torturadas, violadas, calcinadas, abandonadas desnudas y en terrenos baldíos.

No hay seguridad, no hay cámaras, no hay testigos, nadie vio nada y no pueden dar con él o los responsables de un feminicidio.

El Estado de México se ha convertido en un cementerio viviente, decenas de mujeres, jovencitas y niñas son asesinadas brutalmente. Las matan con un arma, un cuchillo, un palo o a golpes, pero todas ellas son abandonadas en lugares solitarios donde es difícil encontrar sus cuerpos.

La dejan donde sus cuerpos desnudos, golpeados, amoratados y ensangrentados son expuestos al público.

Ah, pero nadie pone atención y todos se hacen de la vista gorda.