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Entre los gobernantes, el recurso de los “baños de pueblo” es tan viejo como el poder mismo.

Las mujeres y hombres del poder suelen recurrir a la farsa del “pueblo bueno” que dizque los admira, aclama y aplaude igual que el nada espontáneo “baño de pueblo” que presumió el presidente mexicano apenas el pasado 1 de marzo de 2021.

Curiosamente el grosero “baño de Pueblo” del 1 de marzo se produjo a horas de que el otro pueblo, el de carne y hueso, no sólo abucheó a Obrador, sino que llegó al extremo de la mentada de madre al presidente.

En realidad, el “baño de pueblo” es un recurso tan viejo y trillado que hoy pocos o nadie le cree al populista “trasnochado” –como López Obrador–, cuando decide utilizarlo para engañar a los “bobos de su mañanera”.

Y la farsa es menos creíble cuando el “payaso del cuento” es el mismo militar que hace el papel de patiño y que, por ejemplo, ya apareció en otros de los montajes de AMLO.

Sin embargo, el recurso del “baño de pueblo” sigue vivo porque los idiotas que que se lo creen lo siguen creyendo; porque hay bobos que siguen tragando a puños el cuento del espontáneo, el “hombre bueno” y habilidoso que es capaz de violentar todos los métodos de seguridad del presidente y que burlar hasta a los “sabuesos” del otrora Estado Mayor.

Lo cierto es que, para saludar al presidente Obrador, en Palacio o en cualquier otra parte, se requiere mucho más que un espontáneo con habilidad y suerte para afrontar al hombre más cuidado en México.

En efecto, sólo se necesita ser patiño del presidente; sólo se requiere el palomeo del otrora eficiente Estado Mayor y, por supuesto, la anuencia de la oficina de Comunicación Social. Y nada más.

Y es que nadie, con un milímetro de sensatez y de sentido común puede tomar en serio el montaje del supuesto integrante del “pueblo bueno” que burla todos los protocolos de seguridad, para hablarle al oído al presidente.

En efecto, cualquier “hijo de vecino” puede llegar frente al presidente “sí y sólo sí” se trata de un montaje como el del pasado lunes.

Y, claro, el montaje lleva una potente carga “engañabobos” para que, de esa manera, los incautos crean que López Obrador entiende y habla “con los ciudadanos de abajo” y no con los leperos “clasemedieros” y “ricos” que lo insultan en los aviones.

Pero si aún dudan de los montajes para simular los “baños de pueblo”, lo cierto es que abundan los casos de eventos públicos en donde ciudadanos exigentes son contenidos con barreras humanas, para que no molesten al presidente o, si se quiere, al rey.

Pero vamos por partes.

¿Imaginan el espectáculo sí, por ejemplo, el “colado de Palacio” hubiese sido Brozo, Carlos Loret, los abogados de Rosario Robles, de empresarios perseguidos por AMLO, como Alonso Ancira; incluso los abogados del gobernador de Tamaulipas?

¿Se habrían colado igual que se coló el espontáneo del lunes 1 de marzo en Palacio?

Está claro que no.

Pero no es todo. También existen casos como el del padre de uno de “Los 43”, que le exigió a López Obrador dejar de mentir y tomar en serio la investigación del caso.

La respuesta del presidente, como saben, fue que se trataba de un provocador.

Vale recordar que también se descubrió un montaje en los aviones comerciales en los que viajaba el presidente al arranque de su gestión, en los que una misma mujer le aplaudía, le cantaba y hasta leía poesía al presidente, cuando se lo encontraba por pura casualidad en el vuelo.

Hoy todos saben que los supuestos espontáneos en los aeropuertos y en “las mañaneras”, no son más que montajes; engaños para sorprender incautos.

Y es que, por ejemplo, la farsa de los vuelos comerciales ya no tolera más engaños.

Sí, el presidente es llevado en su camioneta blindada hasta la escalinata del avión comercial, cuando ya subieron todos los pasajeros.

Es colocado en un asiento de las puertas de emergencia y todos los 17 asientos que rodean al presidente son ocupados por militares que tienen la encomienda de cuidar al mandatario.

Lo demás, lo que dicen las mañaneras, lo que inventan los propagandistas, es lo de menos.

Pero falta una pregunta.

¿Quién le cree al presidente mexicano, a estas alturas del fracaso del supuesto gobierno del cambio?

Al tiempo.