Un líder de verdad siempre está dispuesto a escuchar, no importa si no tiene la razón, debe tener la capacidad de corregir el rumbo.

El presidente Andrés Manuel López Obrador no se puede jactar de ser un gran líder y es que un día y al otro también, le pesa aceptar que se equivoca.

Vamos por partes…

Al inicio de la pandemia, mientras todo el mundo se ponía en alerta máxima y llamaban al confinamiento estricto y uso del cubrebocas, nuestro presidente aseguró que esto era una gripita, que se abrazaran, no sin antes decir que no iba usar cubrebocas.

Cuando la pandemia ya estaba aquí, se tardó en vacunar a la primera línea de médicos y enfermeras, por lo que muchos de ellos fallecieron.

Cuando se habló de los medicamentos para niños con cáncer, en lugar de hacerse responsable, señaló a gobiernos pasados de la falta de medicinas.

Incluso ahora que vivimos los peores juegos olímpicos desde Atlanta 96, no fue capaz de decir que le recortó el presupuesto a los atletas  y que no les ha brindado el apoyo que prometió. Eso sí, ha invertido en su deporte favorito, el beisbol como ningún otro gobierno.

Y ya ni hablamos, del gas, la luz, la gasolina, el aeropuerto, la violencia, los feminicidios y todo lo que prometió que desparecería.

Y sí, aunque muchos de estos problemas se arrastran de gobierno pasados, el presidente no ha hecho nada diferente para frenarlo. Gasta el dinero en programas sociales que después usa con fines electorales.

Ya no camina en la plaza pública y si se detiene sólo es para escuchar halagos o para saludar a la mamá del líder criminal más importante de Sinaloa.

Y aquí hay que hacer una pausa, porque ha golpeado a varios periodistas usando bots en redes sociales, intentando apagar sus carreras. Ha exhibido a los medios de comunicación que lo critican y sólo él decide cuál es la verdad que deben saber los mexicanos. No permite la libertad de expresión plena, mucho menos si le señalan los errores.

Dicho así, queda claro que el mayor fracaso de AMLO es su soberbia. A poco menos de tres años tiene una ligera oportunidad de hacerlo diferente, pero casi le puedo asegurar, que no va a pasar.