Lo que hizo hoy Trump, mañana lo hará AMLO

Ricardo Alemán

Luego del asalto al Congreso Norteamericano –revuelta azuzada por el propio presidente Trump–, ya podemos imaginar lo que ocurrirá en México, luego de las elecciones intermedias de junio del 2021.

Como saben, el 6 de enero del naciente año, estaba programada en el capitolio de Estados Unidos, la calificación de la elección en la que resultó derrotado el aún hoy presidente.

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Y es que, como también saben, Donald Trump nunca aceptó la derrota y, en cambio, inició un montaje propio de una democracia bananera, idéntica a la impuesta por López Obrador en México en los últimos años.

Es decir, acusó fraude sin una sola prueba, presionó de manera ilegal a los órganos autónomos de aquel país –el equivalente al INE y al Tribunal Electoral–, y al final ordenó un violento asalto al Capitolio; revuelta que llevaron a cabo grupos radicales y supremacistas blancos, que son la clientela del “trumpismo”.

Al final, luego de destrozos, de disparos y saqueo, el propio Trump llamó a sus seguidores a volver a casa “para no hacerle el juego” a los que hicieron fraude.

Está claro que nadie, en todo el mundo, se creyó el cuento del fraude contra Trump, sin embargo, también es cierto que allende la frontera del norte, también “se cuecen habas”.

Y es que hoy queda claro, por si existía alguna duda, que lo que vimos ayer en el Capitolio de Estados Unidos lo veremos en México en julio próximo.

¿Por qué?

Porque los presidentes López Obrador y Donald Trump son como dos gotas de agua; porque AMLO apostó todo su capital político a la reelección de Trump, porque están muy lejos de ser demócratas y porque son dos locos con el poder.

Pero además, porque son muy grandes las posibilidades de que la mayor alianza de la historia en México –entre PRI, PAN y PRD–, se levante con una victoria que también sería histórica.

Pero aquí vamos por partes.

Como saben, en junio próximo se llevará a cabo la mayor elección de la historia, ya que no sólo están en juego la renovación de 500 diputados, sino 15 gobiernos estatales y miles de congresos locales y alcaldías.

En pocas palabras, resulta que los ciudadanos mexicanos tienen en su mano la posibilidad de contener la destrucción del país que todos los días impulsa el presidente López Obrador, quien ante esa posibilidad real, ya hace trampa, ya marca las cartas y ya juega con dados cargados.

Frente a tal escenario, los opositores del PRI, PAN y PRD ya firmaron una alianza para acudir unidos en la mayoría de los 300 distritos electorales en juego.

Así, por ejemplo, de 300 circunscripciones en disputa –para renovar la Cámara de Diputados–, el PRI, PAN y PRD participarán aliados en 171 distritos, además de que también habrá coalición de los tres grandes partidos en 10 de las 15 gubernaturas en juego.

De acuerdo a la coalición pactada, cada partido presentará a sus mejores candidatos y los tres apoyarán a aquel con mayores posibilidades de victoria.

Así, el PRI postulará a sus mejores cartas en 60 distritos; el PAN en 57 y el PRD participará en la elección con 54 candidatos.

Los tres partidos acordaron solamente postular a quienes cumplan con un perfil excepcional y de buena fama pública, también tendrán el derecho de objetar las postulaciones siempre y cuando haya motivos.

El método de selección interna también variará en cada partido. El PAN usará el método de designación, mientras que el PRI lo hará a través de una Comisión para la Postulación de Candidaturas; el PRD elegirá mediante el Consejo Nacional Electivo.

En el caso de las gubernaturas, la lianza PRI, PAN y PRD se firmó en 10 estados de la república: Baja California, Baja California Sur, Sinaloa, Sonora, Nayarit, Tlaxcala, Colima, Michoacán, Zacatecas, San Luis Potosí.

Mientras que las coaliciones del PRI y PRD van por Guerrero, Nuevo León y posiblemente, Campeche. La coalición de PAN y PRD se alía solo para Chihuahua.

Todo suena bien, sin embargo, nadie debe olvidar que los ciudadanos ya perdimos al INE y al Tribunal Electoral y que el tirano de Palacio recurrirá a sus peores prácticas para robarse la elección y mantener su poder total.

Al tiempo.